El IVAM reúne al ajolote y al caracol púrpura para hablar de extinción: cuando lo que desaparece se convierte en icono

El IVAM presenta la exposición de Melanie Smith que reflexiona sobre extinción, imagen y relación humana con la naturaleza a través de dos especies amenazadas.

 - Actualizado a 08/10/2026 09:15

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Exposición 'Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes'
Exposición 'Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes'
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Hay animales que mueren dos veces. Primero en la naturaleza, lentamente, mientras nadie mira. Luego renacen en la imaginación colectiva: en billetes, camisetas, emojis y campañas institucionales. El ajolote mexicano lleva años protagonizando esa paradoja, y ahora el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) la convierte en el corazón de una exposición que sacude la conciencia sin recurrir al catastrofismo.

El IVAM presenta este miércoles 'Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes', una muestra de la artista mexicana-británica Melanie Smith (Reino Unido, 1965) que reúne cerca de cuarenta obras distribuidas en dos grandes proyectos realizados en 2025: Axolotl y Tixinda. Pinturas, dibujos, esculturas y vídeos que, juntos, construyen una pregunta incómoda: ¿qué significa conservar algo cuando solo sobrevive su imagen?

Un anfibio en los billetes, casi ausente en los canales

El ajolote —nombre científico Ambystoma mexicanum— es un anfibio endémico del Valle de México que no completa su metamorfosis: conserva sus branquias externas durante toda la vida y habita permanentemente bajo el agua. Reconocido como patrimonio cultural de la nación, su situación es alarmante: en 1998 se contabilizaban cerca de 6.000 ejemplares por kilómetro cuadrado en Xochimilco; para 2002 la cifra cayó a 1.000 y en 2014 apenas se registraron 36. Mientras tanto, su figura está en todas partes: puentes peatonales, estaciones de transporte, murales, espacios públicos y materiales promocionales que lo han convertido en uno de los iconos más reproducidos de México.

Esa contradicción brutal es exactamente el punto de partida de la exposición. La directora del IVAM, Blanca de la Torre, lo explica con precisión quirúrgica:

"Siempre me pareció una criatura de una extraña belleza que hoy curiosamente circula en el imaginario infantil convertida en icono y mercancía afectiva. Su piel permeable, extraordinariamente sensible a pesticidas y contaminación, funciona como un bioindicador" - Blanca de la Torre, directora del IVAM

La comisaria de la exposición, Helena Chávez Mac Gregor, va todavía más lejos al señalar la paradoja que define la existencia contemporánea del ajolote:

"Casi desaparece de sus hábitats naturales, pero puede vivir en tanques de agua aislado como mascota, sin desaparecer" - Helena Chávez Mac Gregor, comisaria de la exposición

¿Es eso conservar? ¿O es simplemente aplazar una extinción mientras se vende su imagen en una tienda de souvenirs? La muestra no da respuestas sencillas. Las exige del visitante.

El caracol que tiñó el Mediterráneo de púrpura

El segundo eje de la exposición viaja hasta las costas de Oaxaca, donde habita el caracol púrpura o tixinda. Este molusco produce una secreción que, al contacto con la luz solar, se transforma en un intenso tono violáceo. Durante siglos, ese color fue sinónimo de poder y nobleza, y su extracción generó una de las primeras industrias de escala global que se recuerdan. Como señala Blanca de la Torre, los fenicios y los romanos establecieron centros de producción en las costas del Mediterráneo español, convirtiendo aquella actividad en una de las primeras formas de extractivismo marino conocidas. Hoy, el tixinda sobrevive únicamente en ese pequeño tramo del litoral mexicano, como un eco de todo lo que el ser humano ha consumido hasta casi hacerlo desaparecer.

La conexión entre ambas especies no es casual. Las dos comparten la misma lógica: fueron explotadas, idealizadas o ignoradas según la conveniencia humana de cada época. Y las dos siguen pagando las consecuencias.

Arte en espiral: capas que no se agotan en una sola visita

El recorrido expositivo se articula en torno a un dispositivo central que divide el espacio en dos ámbitos diferenciados, con una pantalla de proyección continua que establece conexiones entre ambos proyectos. No es un museo que ilustra un problema; es un espacio que lo habita. La propia Melanie Smith describe así su método de trabajo:

"Mi trabajo siempre está construido en capas o estratos. Es una obra que crea tensiones, mi trabajo es muy circular, como en forma de espiral" - Melanie Smith, artista

El título de la muestra, tomado como una provocación deliberada, invita a repensar la posición desde la que nos relacionamos con el mundo natural. Smith explica que quiso "pensar en nuestras vidas alrededor de estos animales, en vez de pensar desde lo humano". Un desplazamiento aparentemente sutil que, en la práctica, lo cambia todo.

La secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, destacó que la exposición es "una oportunidad para seguir consolidando la vocación internacional del IVAM y para demostrar que desde València podemos participar activamente en las conversaciones que atraviesan la creación contemporánea a escala global". Por su parte, la directora del museo subrayó que la muestra plantea "cuestiones mucho más amplias sobre cómo miramos, cómo construimos imágenes de aquello que consideramos diferente y desde qué posición nos relacionamos con otros seres".

Una artista entre dos mundos, una obra entre dos tiempos

Melanie Smith nació en Inglaterra en 1965 y desde los años noventa ha desarrollado una parte fundamental de su carrera en la escena artística mexicana, viviendo y trabajando entre Ciudad de México y Londres. Su trayectoria abarca pintura, vídeo, escultura e instalación, y ha abordado la industrialización, el colonialismo, la economía y, más recientemente, la naturaleza y la entropía. Su obra ha sido presentada en instituciones como el MoMA y el PS1 de Nueva York, la Tate Modern de Londres, el Hamburger Bahnhof de Berlín o el MUAC de Ciudad de México, y en 2011 representó a México en la 54ª Bienal de Venecia.

El IVAM enmarca esta exposición dentro de su concepto de Museo Anfibio: un espacio capaz de moverse entre contextos, habitar territorios intermedios y relacionar lo que durante siglos hemos entendido como separado. Es difícil imaginar una metáfora más exacta para una muestra que habla de anfibios que ya no son salvajes, de colores que ya no tiñen imperios y de imágenes que sobreviven mucho más tiempo que las criaturas que las inspiraron.