València se prepara para la inminente apertura de su esperado Centro de Interpretación del Santo Cáliz con la incorporación de dos piezas de incalculable valor histórico y artístico. Estas adiciones, una reproducción del rey Alfons el Magnànim y un azulejo del siglo XV procedente del Palau del Real, prometen enriquecer significativamente la narrativa sobre el venerado relicario y su profunda conexión con la historia de la ciudad. El proyecto, ubicado en la Casa del Rellotger, busca ofrecer a los visitantes una experiencia inmersiva en uno de los periodos más trascendentales de la capital valenciana, el Siglo de Oro.
Las nuevas incorporaciones se suman a un conjunto de elementos ya adquiridos o cedidos, consolidando la colección del futuro centro. Entre ellos, destacan el comodato de las piezas de atrezo del Parsifal de Wagner, formalizado el año anterior con el Palau de Les Arts, y la reciente adquisición del Retrato del rey Martí l'Humà, obra de Pedro Arrúe, así como el Cristo Eucarístico de Nicolau Borràs, este último obtenido mediante el derecho de tanteo ejercido por el Ministerio de Cultura en nombre del ayuntamiento.
Nuevas incorporaciones al Centro del Santo Cáliz
El gobierno municipal de València ha logrado un acuerdo crucial con la Presidencia de la Generalitat para la cesión gratuita de una réplica del medallón que presenta el retrato en busto y de perfil del rey Alfons V d'Aragó. Esta obra, valorada en 6.600 euros, será una pieza central en la sala dedicada a la historia del Santo Cáliz, desde su salida del Monasterio de San Juan de la Peña hasta su llegada a la Catedral de València en 1437, bajo el reinado del propio Alfons el Magnànim. Hasta la inauguración del espacio, el consistorio será responsable de su custodia en los depósitos municipales de Patrimonio Histórico, garantizando sus óptimas condiciones de conservación.
El concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno, expresó su profundo agradecimiento a la Generalitat: “Desde el Ayuntamiento de València, queremos agradecer, una vez más, a la Generalitat su generosidad, su implicación y su apoyo constante a este destacado proyecto municipal”. Moreno añadió que la pieza permitirá a los visitantes “descubrir uno de los períodos más fascinantes y trascendentales de la Historia de València, el Siglo de Oro valenciano, así como profundizar en la figura del rey Alfons el Magnànim y en su decisiva contribución en la llegada del Santo Cáliz a nuestra ciudad, junto con el resto del relicario real de la Corona de Aragón”.
Por su parte, el vicepresidente segundo y conseller de Presidencia, José Luis Díez, subrayó la importancia de la colaboración interinstitucional: “la máxima colaboración interinstitucional entre la Generalitat y el Ayuntamiento de València, en ésta y en otras muchas iniciativas. Un ejemplo del compromiso compartido por ambas administraciones con la protección, la difusión y con la puesta en valor de nuestro patrimonio histórico y cultural. La cesión de esta pieza contribuirá a enriquecer el discurso museográfico del futuro Centro de Interpretación del Santo Cáliz, un espacio destinado a recuperar y proyectar la identidad histórica de la ciudad de València”.
El retrato de Alfons el Magnànim: un comodato clave
El acuerdo de comodato para la réplica del retrato del rey Alfons el Magnànim tendrá una duración inicial de diez años, con la posibilidad de prórrogas automáticas por periodos idénticos, siempre que la pieza permanezca expuesta en el centro. El Ayuntamiento de València asumirá todos los gastos derivados de este convenio, incluyendo el embalaje, transporte, seguro y la conservación del elemento, comprometiéndose a tomar las medidas necesarias para evitar cualquier daño.
La reproducción en bajorrelieve fue encargada por la Presidencia de la Generalitat en 2018 para la exposición itinerante “La memòria del Regne. 600 anys de la Generalitat Valenciana”. El original, que data de 1867, se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. La réplica, que estuvo expuesta en el Palacio del Marqués de Rafal en Orihuela, es una copia escaneada y reproducida por control numérico computerizado en materiales sintéticos, aumentada un 18% respecto a la obra original y complementada con una guirnalda coetánea.
La pieza representa a Alfons el Magnànim ataviado con una armadura milanesa de guerra, sin coraza, con la mirada dirigida hacia una corona real. Detrás de él, se aprecia una de sus divisas personales: el haz de mijo. En el borde superior, la inscripción “Invictus Alphonsus Rex Trivmphator”, grabada con letras capitales humanísticas y palabras separadas por signos de interpunción, evoca el estilo clásico de las inscripciones romanas. Esta composición iconográfica y la inscripción recuerdan las medallas de bronce y plomo realizadas por Pisanello para el rey de Aragón durante su estancia en la corte napolitana en 1449.
El azulejo del “siti perillós”: un emblema real
La segunda pieza anunciada es un azulejo de tradición manisera del “siti perillós”, uno de los motivos más singulares del programa emblemático impulsado por Alfons el Magnànim. Este azulejo se asocia con otros decorados con el haz de mijo y el libro abierto, emblemas personales del monarca que formaban parte de un discurso visual cuidadosamente diseñado para exaltar su legitimidad dinástica, su constancia y su victoria en la conquista del Reino de Nápoles. Datada a mediados del siglo XV, la pieza fue recuperada en 2009 por el SIAM durante las excavaciones arqueológicas del Palau del Real de València, formando parte de los rellenos de amortización del edificio tras su destrucción.
La presencia documentada de estos azulejos, tanto en el Palau del Real de València como en el Castel Nuovo de Nápoles, confirma la dimensión propagandística de este programa. A esta significación se une su vinculación con el “Siege Perilous” de la literatura artúrica, el asiento vacío de la Mesa Redonda reservado exclusivamente al caballero puro de corazón, destinado a alcanzar el Santo Grial. Este asiento, cuyo atrevimiento indebido podía acarrear la muerte (de ahí su representación como un trono envuelto en llamas), no sería una referencia casual, sino una reinterpretación política deliberada para transformar el riesgo espiritual del mito artúrico en una alegoría del ejercicio legítimo del poder real.
La trayectoria del Santo Cáliz hasta València
El proyecto museológico del futuro centro de interpretación, coordinado por el reconocido historiador Miguel Navarro Sorní, detalla la fascinante trayectoria del Santo Cáliz. Tras ser entregado en 1399 al rey Martí l'Humà, fue depositado en una capilla, probablemente en la Aljafería de Zaragoza, hasta finales de 1408 o principios de 1409, cuando fue trasladado al Palau Reial de Barcelona bajo la protección de monjes celestinos.
El testamento de Martí l'Humà, fechado en 1407 y ratificado un año después, nombraba heredera a su esposa y estipulaba que el relicario se conservara en la Capilla de Santa Águeda. Sin embargo, la ausencia de firma y registro del testamento generó disputas sobre la propiedad de las reliquias tras la muerte del rey en 1410. La reina viuda, Margarida de Prades, quien había tomado algunas reliquias, incluido el Santo Cáliz, tuvo que litigar con la comunidad de celestinos y con Ferran d'Antequera, el nuevo monarca de la Corona de Aragón. Aunque se acordó la devolución de las reliquias a cambio de una compensación, Margarida aún conservaba muchas de ellas, incluido el Santo Cáliz, que la acompañaban en sus viajes.
En noviembre de 1419, el rey Alfons V d'Aragón reconoció la validez de la donación mortis causa realizada por Martí l'Humà a su esposa una década antes. Esto permitió al monarca aragonés recuperar las reliquias más significativas en posesión de Margarida de Prades. Para 1422, el Santo Cáliz ya estaba en poder de Alfons el Magnànim, regresando a la capilla real de Barcelona. Finalmente, el 6 de abril de 1432, fue trasladado a València y depositado en el Palau del Real de la ciudad.
La llegada del Santo Cáliz a València coincidió con un periodo de gran prosperidad económica y estabilidad social. La ciudad, donde el rey estableció su corte en 1432, era un floreciente centro comercial y financiero, con un puerto clave en las rutas del Mediterráneo occidental y sede de numerosas compañías europeas. Este esplendor económico se complementaba con un vibrante florecimiento cultural, con figuras de la talla de Ausiàs March, Joanot Martorell, Jaume Roig y Sor Isabel de Villena en literatura; Francesc Baldomar, Pere Compte y Joan Ibarra en arquitectura; Jacomart y Reixach en pintura; o Bertomeu Martí, Joan Vallseguer y Lluís Alcanyís en medicina.
Ese mismo año, el Cabildo catedralicio prestó al rey una considerable suma de dinero para financiar sus campañas militares en Nápoles, con el compromiso de devolución en cinco años. Sin embargo, el acuerdo no pudo ser cumplido, y el 18 de marzo de 1437, su hermano Joan d'Aragó, rey de Navarra y lugarteniente general del Regne de València, dejó en prenda las reliquias más importantes de la Corona en la Catedral de València. La deuda nunca fue saldada, y los sucesores del rey continuaron utilizando las reliquias como garantía para nuevos préstamos. De esta manera, el Santo Cáliz y el resto del relicario real quedaron, de facto, en la sacristía de la Catedral de València, donde han permanecido hasta hoy.