Valencia ya puede medir su tráfico en tiempo real, y los resultados sorprenden: la mayoría de los vehículos que circulan por la ciudad son eficientes, jóvenes y sostenibles. Solo un 6% corresponde a coches sin distintivo ambiental, mientras turismos con etiqueta C, ECO y cero emisiones dominan las calles. Todo esto ocurre pese a que la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), a pesar de contar con la tecnología lista, sigue sin poder sancionar a los vehículos contaminantes por bloqueo político.
El Ayuntamiento de Valencia ha analizado los primeros resultados del sistema de monitorización instalado en el marco del contrato de implantación de la ZBE, financiado con fondos europeos Next-Generation EU. Las cámaras y sensores activos en más de 270 puntos de la ciudad permiten conocer la composición del parque móvil, su procedencia, edad media y distintivo ambiental.
El contraste con los datos oficiales es evidente. Mientras la Dirección General de Tráfico (DGT) indica que entre el 26% y 29% de los vehículos registrados en la provincia y la ciudad no tienen etiqueta ambiental, las cámaras revelan que estos coches apenas representan un 6% del tráfico real. Por el contrario, los vehículos más eficientes tienen un papel predominante: la etiqueta C supone el 48% de las detecciones, la B el 19%, la ECO un 18% y la 0 emisiones ya alcanza el 5%.
Además, un 4% corresponde a matrículas extranjeras o no reconocidas, mientras el sistema sigue ajustándose para mejorar el reconocimiento. En cuanto a la tipología de vehículos, los turismos lideran con un 83% de los pasos registrados, seguidos del transporte de mercancías (7%) y las motocicletas (4,5%). La edad media de los vehículos que circulan se sitúa entre 7 y 9 años.
Tráfico interior estable y crecimiento en accesos
Los datos confirman que Valencia actúa como epicentro del tráfico metropolitano: el 65% de los vehículos que acceden a la ciudad provienen de otros municipios, principalmente de la provincia de Valencia. Incluso dentro del casco urbano, más de la mitad del tráfico (55%) corresponde a vehículos externos, frente al 45% de residentes locales.
Aunque los accesos a Valencia registran un aumento de vehículos, el tráfico dentro del casco urbano se mantiene estable e incluso ligeramente a la baja. En los primeros dos meses de 2026, se ha observado un descenso del 4% respecto al mismo periodo del año anterior. Esto refleja que la movilidad dentro de la ciudad se está estabilizando y que el uso de alternativas sostenibles como bicicletas, VMP y transporte público está en crecimiento.
Jesús Carbonell, concejal de Movilidad y Policía Local apunta que “los valores actuales están muy por debajo de los máximos prepandemia de 2019, lo que demuestra que la ciudad avanza hacia una movilidad más eficiente y sostenible”. Además, destaca que el crecimiento del tráfico exterior resalta la necesidad de políticas que conecten mejor la ciudad con su área metropolitana.
La ZBE lista, pero sin capacidad de sancionar
Desde el 1 de diciembre de 2025, la ZBE cuenta con todas las cámaras y sensores operativos, pero la ordenanza que regula la zona sigue sin aprobarse. Esto significa que, aunque se pueda recopilar información sobre circulación y niveles de contaminación, los vehículos contaminantes pueden circular libremente.
El principal obstáculo fue la negativa de Vox a respaldar cualquier normativa que implicase sanciones económicas a los ciudadanos. Según José Gosálbez, portavoz municipal del grupo de ultraderecha, la regulación debe centrarse solo en restricciones de acceso al perímetro anticontaminación, sin multas. Por su parte, el Partido Popular intentó acercar posiciones proponiendo una versión más flexible de la ordenanza, pero las conversaciones no prosperaron.
Mientras la ZBE no cuente con marco legal, seguirá funcionando únicamente como sistema de monitorización. Esto permite generar estudios sobre movilidad, evolución del parque móvil y el impacto de futuras medidas de transporte sostenible, pero limita la capacidad de intervenir directamente sobre los vehículos más contaminantes.
“El bloqueo político deja a la ciudad con tecnología y fondos europeos, pero sin capacidad de sanción. El PP ha presentado hasta tres propuestas de negociación, todas rechazadas por la oposición”, subrayó Carbonell. La falta de acuerdo mantiene a la ciudad en un escenario donde se puede analizar el tráfico y la contaminación, pero no cambiar hábitos de movilidad de forma inmediata.
A pesar de la parálisis normativa, el Ayuntamiento pretende seguir utilizando la infraestructura de la ZBE para estudios estadísticos y evaluación de políticas de movilidad sostenible. Carbonell concluye que “la ZBE es clave para el futuro de Valencia, no solo para reducir emisiones, sino también para orientar la movilidad hacia opciones más sostenibles y eficientes. La ciudad está preparada; solo falta la decisión política”.
Con esta información, Valencia ya podrá empezar a comprender su tráfico real y, con ello, planificar estrategias para una movilidad más sostenible, mientras la ZBE sigue atrapada entre la tecnología lista para actuar y las decisiones políticas que retrasan su aplicación.