La reciente denuncia de la Associació Veïnal Cabanyal-Canyamelar sobre la eliminación de 76 metros lineales de estacionamiento frente al apartahotel Kora Lluna ha reabierto un debate que en el barrio hace tiempo que dejó de ser puntual para convertirse en estructural. Lo que podría parecer una actuación técnica vinculada a la seguridad —y que el vecindario no cuestiona en su principio— se interpreta como un nuevo episodio dentro de una tensión creciente entre la expansión del turismo y las necesidades cotidianas de quienes viven en el barrio.
El malestar no surge únicamente por la pérdida de plazas de aparcamiento, sino por lo que esta decisión simboliza: un espacio urbano cada vez más condicionado por usos turísticos intensivos.
Al límite entre turismo y residentes
El Cabanyal-Canyamelar se encuentra desde hace años en una situación de presión constante. Según denuncia la asociación vecinal, en apenas un radio de 100 metros se concentran más de 1.600 plazas de alojamiento turístico, una cifra que por sí sola ilustra la intensidad del fenómeno en este punto de la ciudad. Este volumen de actividad no solo transforma el paisaje urbano, sino que impacta directamente en la movilidad, el descanso y el acceso al espacio público.
En este contexto, la eliminación de 76 metros de estacionamiento frente al Kora Lluna se vive como un agravante añadido a un problema ya crónico: la falta de aparcamiento para residentes. El barrio arrastra desde hace décadas un déficit estructural en este ámbito, con una dotación muy inferior a la media urbana, lo que convierte cada plaza en la calle en un recurso altamente disputado. La asociación llega a cuantificar esta realidad señalando que el espacio disponible por vehículo es de apenas 7,9 m², una cifra que consideran claramente insuficiente para un barrio densamente habitado.
A esta situación se suma otro elemento que genera frustración vecinal: la falta de ejecución de infraestructuras previstas en la planificación urbanística, como el aparcamiento en altura contemplado en el PEC. Mientras estas soluciones permanecen sin materializarse, el espacio en superficie sigue reduciéndose progresivamente, ya sea por intervenciones vinculadas a la seguridad, a la actividad turística o a proyectos privados.
La asociación vecinal ha querido dejar claro que no cuestiona la necesidad de garantizar la seguridad contra incendios ni el acceso de los servicios de emergencia. Sin embargo, sí pone el foco en la proporcionalidad de la medida adoptada y en la falta de transparencia en su aplicación.
Entre las dudas planteadas destacan varias cuestiones concretas:
- La existencia de una fachada alternativa del edificio en otra calle que podría haber reducido el impacto de la reserva de espacio.
- La ausencia de criterios homogéneos en casos similares en la ciudad.
- La falta de acceso público al informe técnico que justifica la intervención.
A ello se suma la preocupación por el uso indebido del espacio reservado, que según el vecindario estaría siendo utilizado de forma irregular para carga y descarga o estacionamiento de vehículos vinculados al establecimiento.
Otro elemento que alimenta la controversia es la situación administrativa del propio aparthotel, ya que la asociación señala la ausencia de autorización de vado y la existencia previa de señalización no oficial que fue retirada por la Policía Local. Estos detalles refuerzan, a ojos del vecindario, la sensación de una gestión poco clara del espacio público en este entorno.
¿Qué piden los vecinos del Cabanyal-Canyamelar?
Ante este escenario, las demandas vecinales se articulan en torno a una idea central: reequilibrar el uso del barrio. Piden explicaciones, revisión de la medida y, sobre todo, una planificación que tenga en cuenta el impacto acumulado del turismo en la vida cotidiana.
También reclaman la reactivación de proyectos de aparcamiento previstos, la creación de zonas preferentes para residentes y la aplicación de criterios uniformes en toda la ciudad.