El artista fallero Carlos Carsí ha protagonizado una de las noticias más comentadas en plena recta final de las Fallas de València. Tras la polémica por dejar sin terminar varios monumentos, entre ellos el de la emblemática comisión Cuba-Literato Azorín, el propio creador ha roto su silencio con un mensaje de autocrítica en redes sociales.
La situación estalló cuando esta comisión, que competía en la exigente Sección Especial, denunció públicamente que su falla había quedado incompleta a escasas horas de la visita del jurado. Un hecho insólito que terminó pasando factura: el monumento, sin finalizar, acabó ocupando la última posición en la categoría reina.
En este contexto, Carsí ha querido dar explicaciones a través de Instagram, donde ha reconocido el impacto de lo ocurrido tanto a nivel profesional como personal. En un mensaje sincero, el artista admite que ni siquiera tiene sentido hablar de un “buen día”, consciente del perjuicio causado a las comisiones. Su disculpa ha sido directa: reconoce el error y asegura sentirlo profundamente, aunque también admite que las palabras llegan tarde para quienes confiaron en su trabajo.
El fallero no ha esquivado la responsabilidad. Ha explicado que atraviesa una etapa complicada desde hace tiempo, marcada por dificultades para mantener su taller en funcionamiento. Según relata, esta situación le llevó a un desgaste progresivo que terminó afectando a su capacidad para cumplir con los proyectos. Aun así, insiste en que intentó sacar adelante los encargos hasta el último momento, sin aceptar que la situación era ya insostenible.
De "tocar el cielo" a bajar al "infierno"
En su reflexión, Carsí describe un proceso de autoexigencia que acabó superándole. Reconoce que no supo detenerse a tiempo y que confió en poder completar los trabajos pese a las evidentes señales de agotamiento. Una “lucidez engañosa”, como él mismo la define, que le hizo creer que aún podía cumplir con todo.
El artista también ha querido dirigirse directamente a las comisiones afectadas, mostrando comprensión ante el enfado generado. Ha subrayado especialmente el dolor que siente por haber fallado a quienes depositaron su confianza en él: desde los representantes de las fallas hasta cada integrante que participó en el proyecto.
Pese a la situación, Carsí ha tenido palabras de agradecimiento para quienes le apoyaron durante el proceso: amigos, familiares, compañeros de oficio y miembros de las comisiones que, según afirma, lucharon a su lado hasta el final para intentar sacar adelante los monumentos.
Este episodio marca un punto de inflexión en la trayectoria del artista, que él mismo resume con una frase contundente: tras diez años de éxito, ha pasado de “tocar el cielo a bajar al infierno" Ahora, asegura, toca asumir lo ocurrido y mirar hacia adelante.
El caso ha reabierto el debate en el mundo fallero sobre la presión que afrontan los artistas y la fragilidad de un sector donde los plazos, la inversión y la exigencia artística conviven al límite.