Sociedad

Así se reparten los municipios con mayor y menor población extranjera en la Comunitat Valenciana

Los datos del INE muestran dónde se agrupan los municipios con más residentes extranjeros y cuáles mantienen los porcentajes más reducidos

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Colas en las oficinas del padrón del Ayuntamiento de Valencia - Rober Solsona - Europa Press

En plena campaña de regularización de migrantes, la Comunitat Valenciana se ha convertido en uno de los territorios más polarizados de España en cuanto a presencia de población extranjera. Con una media autonómica del 18,3% (la segunda más alta del país y casi cinco puntos por encima de la media nacional), el mapa valenciano muestra una clara diferencia entre la costa y el interior. Pero, ¿cuáles son los municipios con mayor presencia de extranjeros?

En el extremo alto del ranking, el dominio de Alicante es abrumador. Rojales, con un 67,8% de población extranjera, no solo lidera la Comunitat, sino que se sitúa como el municipio con mayor proporción de residentes internacionales de toda España. Sus urbanizaciones, levantadas en gran parte durante el boom inmobiliario, se han convertido en destino preferente para jubilados británicos, alemanes y escandinavos que buscan buen clima, tranquilidad y servicios adaptados a su idioma. El fenómeno se repite en San Fulgencio (66,9%) y Benitachell (62,0%).

El caso de Torrevieja es aún más singular por su tamaño. Con 95.760 habitantes y un 47,6% de residentes extranjeros, este patrón se extiende por buena parte de la Marina Alta, la Marina Baixa y la Vega Baja, donde la combinación de sol, costa, vivienda asequible y tradición turística ha consolidado un modelo de inmigración eminentemente residencial. No se trata de flujos vinculados al empleo agrícola o a la hostelería estacional, sino de asentamientos permanentes de población europea que elige la Comunitat como lugar de retiro.

En el extremo opuesto, el interior de Valencia y Castellón dibuja un paisaje completamente distinto. La Vilavella, con un 2,2%, es el municipio con menor presencia extranjera de toda la Comunitat. Le siguen Fortaleny (2,3%) y Gavarda (2,6%), localidades pequeñas donde la economía naranjera tradicional y la estructura social más estable no han atraído los mismos flujos migratorios. Aquí, la llegada de población extranjera ha sido mucho más limitada.

Incluso dentro de Alicante aparecen excepciones que rompen el patrón costero. Petrer, con un 3,9% y más de 34.000 habitantes, mantiene una de las tasas más bajas de la Comunitat pese a estar en la provincia con mayor inmigración de España. Su economía industrial - centrada en el calzado - explica una dinámica demográfica muy distinta a la de sus vecinos de la costa. En la Vall d’Albaida, municipios como Bocairent o Quatretonda, ambos con un 3,8%, reproducen el mismo esquema: territorios con identidad productiva propia, menos dependientes del turismo y, por tanto, menos expuestos a la llegada de residentes europeos.

Castellón apenas aporta un municipio al grupo de mayor inmigración: Oropesa del Mar, con un 37,3%, impulsado por su perfil turístico y su parque de segundas residencias. Valencia capital, por su parte, se mantiene en valores intermedios, sin aparecer en ninguno de los extremos del ranking.

El resultado final es un mapa demográfico profundamente dual. 151 municipios valencianos superan la media nacional, mientras 173 se sitúan por debajo. Una división que no solo refleja diferencias geográficas, sino también modelos económicos contrapuestos. La costa residencial del sur de Alicante frente a un interior agrícola e industrial donde la inmigración sigue siendo limitada y muy selectiva.