Fundación ONCE pone en marcha la cuarta edición de X Talento Challenge, un concurso social que anima a jóvenes de entre 14 y 21 años a transformar sus ideas en proyectos reales con impacto positivo en la sociedad. La iniciativa busca fomentar la creatividad, el compromiso y la innovación entre los más jóvenes, invitándolos a trabajar en equipo para aportar soluciones que mejoren su entorno. El certamen mantiene abierta su convocatoria de inscripción en www.portalentochallenge.es hasta el 16 de enero de 2025, ofreciendo a los equipos la oportunidad de competir por premios de 5.000 euros destinados a hacer realidad sus propuestas.
Diseñado como un espacio inclusivo para innovar y aprender, X Talento Challenge promueve la participación de jóvenes que cursen ESO, Bachillerato o Formación Profesional Básica y Media, así como miembros de asociaciones, entidades juveniles o centros de discapacidad. Los equipos, formados por entre cinco y diez integrantes, deben ser inclusivos, combinando participantes con y sin discapacidad, y contar con el acompañamiento de uno o dos tutores. Más allá de la competición, el proyecto impulsa competencias esenciales del siglo XXI, como el liderazgo, la digitalización, la toma de decisiones, el trabajo en equipo o el pensamiento emprendedor.
Para conocer mejor los objetivos y el impacto de esta iniciativa, hablamos con Ana Juviño, técnica de la Dirección de Formación y Empleo, Operaciones y Estudios de Fundación ONCE, quien destaca el valor del concurso como herramienta de inclusión y aprendizaje. Según explica, X Talento Challenge “demuestra que los jóvenes, tanto con como sin discapacidad, pueden tener un papel relevante en la sociedad, aportando ideas con valor social y aprendiendo competencias clave para su futuro personal y profesional”.
¿Qué balance haces de las anteriores ediciones de X Talento Challenge?
Esta es la cuarta edición. En las tres anteriores tuvimos, en total, 173 proyectos presentados. Para que te hagas una idea, la media suele ser de unos sesenta y pico proyectos por edición. Han participado ya alrededor de 800 jóvenes, y aproximadamente la mitad de ellos son personas con discapacidad.
Y, ¿cuáles son las previsiones para esta cuarta edición?
La convocatoria sigue activa y ya contamos con bastantes equipos inscritos. Es cierto que no todos los equipos que se inscriben terminan enviando la documentación completa y el proyecto antes del cierre, pero, aun así, la respuesta está siendo muy buena. Esperamos mantener, o incluso aumentar, la participación este año.
El concurso busca equipos inclusivos, ¿por qué es tan importante promover este modelo de participación?
Los equipos deben ser necesariamente inclusivos, es decir, en todos debe haber jóvenes con y sin discapacidad. Los equipos están formados por entre 5 y 10 participantes, y establecemos que si la mayoría son personas sin discapacidad, al menos un 25% del grupo debe tener discapacidad, y viceversa.
La idea es que todos los equipos sean inclusivos, porque ese es el objetivo principal del concurso. Se trata de un certamen de proyectos con impacto en el entorno más cercano de los participantes.
Desde la Fundación ONCE buscamos promover la inclusión, demostrando que los jóvenes, tanto con como sin discapacidad, pueden tener un papel relevante y aportar proyectos de valor. Además, el proceso les permite adquirir competencias del siglo XXI, como la digitalización, la creatividad, el trabajo en equipo y el espíritu emprendedor.
En la segunda fase, los equipos cuentan con mentorías de profesionales, ¿qué papel juegan?
De todos los proyectos que recibimos, 25 pasan a la segunda fase. En esta etapa deben profundizar más en el desarrollo del proyecto, y ahí es donde entran los mentores: voluntarios de distintas empresas colaboradoras que les apoyan en función de la naturaleza del proyecto. Por ejemplo, si se trata de una propuesta tecnológica, intentamos asignarles mentores con experiencia en ese ámbito. Estos mentores acompañan a los equipos durante todo el proceso de desarrollo, ayudándoles a elaborar su propuesta final con más detalle, incluyendo presupuesto, planificación y viabilidad.
Los mentores les orientan en las fases más complejas, dependiendo de su edad o experiencia. Hay que tener en cuenta que pueden participar jóvenes de 14 a 21 años, procedentes tanto de centros educativos como de asociaciones u otras entidades juveniles, siempre con un tutor o responsable que actúe como enlace con nosotros.
En los casos de jóvenes más pequeños, el apoyo de los mentores resulta fundamental para cubrir aspectos técnicos o de gestión que aún no dominan. En los mayores, la mentoría sirve para ofrecer una visión más real del mundo laboral, sobre cómo elaborar presupuestos o prever los retos que pueden surgir al ejecutar un proyecto.
Cada año tenemos más voluntarios de empresas que quieren participar como mentores, incluso más de los que podemos asignar, ya que solo 25 proyectos pasan a la segunda fase. En algunos casos agrupamos a tres o cuatro voluntarios por proyecto para dar cabida a todos.
¿Qué tipo de proyectos esperáis encontrar en esta edición? ¿Tenéis proyectos destacados de otras ediciones?
Pedimos que los proyectos tengan impacto social o medioambiental en su entorno. Cada año recibimos propuestas más tecnológicas, aunque no es un requisito obligatorio.
Nos llegan muchas ideas de aplicaciones: desde apps para el cuidado de mascotas hasta herramientas para conectar a distintas generaciones, apoyar a personas con TDAH o fomentar la inclusión. También hay proyectos relacionados con el medioambiente, el reciclaje, la naturaleza o la comunicación.
Por ejemplo, hace un par de años ganó un proyecto muy interesante en el que jóvenes usaban realidad virtual con personas mayores de una residencia. Fue una experiencia con muy buenos resultados. Otros equipos han desarrollado productos ecológicos o materiales propios para vender y financiar actividades. En definitiva, no ponemos límites mientras el proyecto sea viable y tenga un impacto positivo.
¿Qué reciben los proyectos ganadores?
Cada año resultan ganadores dos proyectos, y cada uno recibe 5.000 euros para ponerlo en marcha. Además, tanto los participantes como los tutores reciben un reconocimiento por su implicación. De los 25 proyectos de la segunda fase, un grupo de profesionales —muchos de ellos también voluntarios de empresas— selecciona los 10 finalistas. De entre ellos, un jurado especializado, que se reúne de forma presencial, elige los dos ganadores. También otorgamos tres menciones especiales a proyectos que, aunque no ganen, destacan por su creatividad o impacto.
¿Por qué desde la Fundación ONCE decidisteis impulsar esta iniciativa?
Uno de los fines fundamentales de la Fundación ONCE es la inclusión de las personas con discapacidad. Dentro de ese objetivo, trabajamos especialmente en formación y empleo, porque creemos que son herramientas esenciales para lograr una vida independiente e integrada.
El colectivo joven, además, suele tener más dificultades: muchos aún no tienen claro su futuro o afrontan barreras económicas, geográficas o educativas. También es cierto que la tasa de empleo juvenil, tanto en jóvenes con como sin discapacidad, sigue siendo baja. Por eso pensamos en crear algo específicamente para ellos, que no fuera solo para jóvenes con discapacidad, sino un proyecto inclusivo. Queríamos que, además de adquirir competencias y aprendizajes útiles, se acercaran a nuestra organización y a nuestras formaciones.
Formar equipos inclusivos nos permite demostrar que las personas con discapacidad pueden contribuir plenamente a la sociedad, a los proyectos y a las empresas. Y también ayuda a que otros jóvenes, docentes o tutores que no han tenido contacto previo con la discapacidad vean que no hay barreras reales, que todos pueden aportar desde sus capacidades.
Lo más gratificante es el impacto que tiene en los jóvenes, especialmente en aquellos sin discapacidad, que muchas veces nunca habían tenido contacto directo con este colectivo. Nos cuentan que descubren que, al final, todos somos personas capaces de aportar y contribuir por igual. Para nosotros, eso es lo más valioso.