Seguramente ya los hayas visto y, si no, date una vuelta por la ciudad y, en nada que te asomes por las nuevas urbanizaciones, al instante te toparás con alguna. Son blancas y negras y están invadiendo la arquitectura de las capitales españolas. Y es que esa es su peculiaridad: da igual dónde estés, todos los edificios cebra son exactamente iguales.
El bloque de edificios cebra son aquellas construcciones que se instalan en las nuevas urbanizaciones a las afueras de las ciudades. De rayas blancas y negras, sin ningún rasgo que sobresalga en su estilo, sencillas, con poca alma y poca personalidad.
Su funcionamiento es parecido al de una franquicia: las decisiones más relevantes en la estructura, estilo, materiales y demás ya vienen determinadas antes de su construcción. Pero no únicamente las cuestiones más generales; cada detalle, como los colores, los huecos de las ventanas o el tipo de cubierta, son dirigidos desde las promotoras.
Quienes lo critican coinciden en un mismo aspecto: se trata de una arquitectura que no se adapta al entorno. Por el lado contrario, sus defensores argumentan que, dada la pesadilla aún presente de la crisis inmobiliaria y los retrasos dados por las preferencias individuales de los arquitectos, estos edificios acortan los plazos y fomentan la vida comunitaria.
De hecho, una de las características de estos edificios cebra es esto último: las distintas instalaciones comunes, como piscinas compartidas, halls abiertos y recintos deportivos. Aunque las hay de todo tipo, según precio y ubicación.
Sin embargo, la cuestión va más allá de las instalaciones, puesto que existen viviendas de más de dos millones de euros y otras de alquiler social dentro de estos edificios. La crítica más recurrente incide en la calidad de los materiales de construcción y, especialmente, en la capacidad de estos para adaptarse a las condiciones del entorno.
Asimismo, como explica Carlos Lospitao desde el portal Idealista: “convierte a la calle en un espacio vacío y traslada la vida comunitaria al interior de las urbanizaciones”.
Un fenómeno urbanístico que ya aterrizado en València
En España ya se contabilizan más de 1.000 edificios cebra. Y es que ahora invaden las avenidas de València: ya se han avistado algunos cerca de Pont de Fusta, Quatre Carreres y la nueva Malilla.
Se trata del éxito de un estilo vacío, de una pérdida absoluta de la personalidad urbanística. No pone en valor el oficio del arquitecto y su trabajo queda sumido únicamente a unos mandatos administrativos.
Todo ello tiene que ver con las leyes sobre urbanismo en España; en nuestro país estas regulan cuestiones como la altura o la edificabilidad, pero no detallan su integración con el entorno.