Hoy entrevistamos a Modesto Martínez, portavoz del PP en Alboraya donde analizamos las claves del municipio, las principales reivindicaciones vecinales y de los comercios y los problemas de una localidad que se encuentra en parada técnica durante muchos años. Precisamente casi a un año de las próximas elecciones municipales, hablamos con su portavoz que en las últimas urnas consiguió más que duplicar sus resultados. En 2019, el Partido Popular en Alboraya obtuvo 1803 votos mientras que en 2023 consiguió 3946 votos, empatando en concejales con el grupo socialista a 7.
¿Qué proyectos consideras que son los prioritarios que se deberían ejecutar en Alboraya?
En primer lugar, para mí hay algo fundamental: poner en marcha, de una vez, el Plan General. Alboraya sigue con un plan del año 91. En 2021 se paralizó su modificación porque el equipo de gobierno fue incapaz de alcanzar acuerdos con ningún partido de la oposición, por lo que no pudieron aprobarlo. Y desde entonces, hasta ahora, en 2026, todo sigue completamente paralizado.
Un municipio como Alboraya, sin un Plan General actualizado, es como un Ferrari sin gasolina. El problema es que el equipo de gobierno carece de iniciativa. En su momento fue una falta de voluntad para consensuar y trabajar; ahora, directamente, parece que falta voluntad de trabajar, porque ni siquiera han sido capaces de intentarlo. Para nosotros, desde el Grupo Popular, esta es una cuestión absolutamente prioritaria para el futuro del municipio.
¿Qué otros proyectos considero importantes? En primer lugar, un plan de choque en limpieza. La principal queja de los vecinos de Alboraya es el estado de la limpieza y el mantenimiento. Y, junto a ello, otro eje clave es la seguridad. Es evidente la sensación de inseguridad que existe en el municipio.
En cuanto a proyectos más concretos, es imprescindible abordar una ordenación real del centro histórico que permita su revitalización. Es un tema clave. Estamos viendo cómo el centro histórico se apaga poco a poco, cómo pierde vida y vecinos, y eso duele porque forma parte de la esencia de Alboraya.
Dentro de esas acciones de urbanismo, desarrollar un plan de aparcamiento en condiciones, no parchando como hace el equipo de gobierno actual. Hay zonas donde aparcar es un verdadero suplicio.
Y, a partir de ahí, hay infinidad de proyectos que se podrían poner en marcha. Alboraya tiene un potencial enorme, no hace falta venderlo: está ahí.
¿Os ha trasladado el equipo de gobierno alguna vez intención de pactar ciertas medidas, como el plan general?
La capacidad de diálogo, para mí, deja bastante que desear. Es cierto que, cuando tienen alguna necesidad prioritaria o urgente, sí que recurren a nosotros y siempre estamos disponibles. Lo hemos dicho muchas veces: todo lo que sea trabajar en favor de Alboraya cuenta con nuestro apoyo, venga de donde venga. No tengo ningún problema en respaldar propuestas del PSOE, de Compromís, de Izquierda Unida, de Vox o de cualquier otro partido, porque si es bueno para Alboraya, Alboraya está por encima de todo. Ahora bien, sí echo en falta una mayor capacidad de diálogo por parte del equipo de gobierno.
“Sin un Plan General actualizado, Alboraya no puede crecer ni resolver el problema de la vivienda. La falta de planificación está expulsando a jóvenes del municipio.”
¿Qué haría el PP si recupera la alcaldía de Alboraya en mayo de 2027?
La primera prioridad es revitalizar Alboraya y volver a poner sobre la mesa los temas importantes. Creo que Alboraya ha sufrido una gran parálisis durante los últimos 16 años, y eso hay que corregirlo con trabajo, iniciativa y ganas de hacer las cosas.
Como he dicho antes, el municipio tiene muchísimo potencial: la huerta, las dos playas, un centro histórico espectacular… pero hay que activarlo, hay que darle vida. Nosotros ya presentamos en la legislatura pasada un plan de actividades para la huerta, y es algo que se debe retomar: dotarla de contenido, permitir usos, impulsar actividades… en definitiva, dinamizarla.
Además, Alboraya tiene un valor añadido muy importante: está a cinco minutos de Valencia, incluso caminando. Y dentro de ese potencial, hay un pilar fundamental que es la huerta, pero también lo es quien la trabaja: el labrador. Hay que cuidarlo, porque es quien preserva uno de los patrimonios más históricos y valiosos que tenemos.
En cuanto a las playas, creo que es fundamental poner el foco en los vecinos. Muchas veces hablamos del atractivo turístico, pero nos olvidamos de que allí vive gente, y hay que cuidarla. Tenemos dos playas, Port Saplaya y la Patacona, que son un gran foco de atracción, pero también concentran población: en la Patacona viven cerca de 6.000 personas y en Port Saplaya más de 1.000.
Y cuando llega el verano, aparecen problemas que se repiten año tras año: seguridad, aparcamiento, saturación… Incluso hemos vivido el cierre de playas en la pasada legislatura. Son cuestiones que hay que abordar seriamente si de verdad queremos que Alboraya sea un municipio atractivo, pero también habitable para quienes viven en él.
“Las playas son un motor económico, pero también espacios de convivencia. Falta una gestión que tenga en cuenta a los vecinos que viven allí todo el año.”
¿Qué opinas de la posible iniciativa de recuperar Alquerías de la Huerta abandonadas como espacios turísticos como hoteles?
Soy un firme defensor de buscar rendimiento económico en nuestra huerta, siempre respetando la actividad agraria. Poder desarrollar, en condiciones y con garantías jurídicas, cualquier otro tipo de actividad es una actuación que ayudará a que nuestra huerta se mantenga viva. La huerta solo se salva si se cuida al agricultor y si es rentable. Con romanticismo no se pueden pagar los recibos.
Uno de los problemas, aunque no pasa en Alboraya, pasa en todos, es la vivienda. ¿Qué medidas crees que se deberían aplicar en el caso de Alboraya?
Sin un Plan General, no hay solución al problema de la vivienda. El que había se tumbó en 2011 y, desde entonces, el equipo de gobierno ha sido incapaz de aprobar uno nuevo. ¿En qué se traduce eso? En que no se puede desarrollar suelo ni generar nuevas viviendas. La consecuencia es clara: falta de oferta, precios altos y jóvenes que se ven obligados a marcharse de Alboraya. Y no solo por el precio, sino porque directamente no hay vivienda disponible.
Además, hay ejemplos evidentes de dejadez, como la zona de la antigua estación de Palmaret, donde podrían construirse cientos de viviendas y sigue paralizada desde hace más de una década. Lo mismo ocurre con proyectos como el PAI de la Ronda Norte, que arrastra retrasos de casi 20 años.
Al final, el problema es de fondo: falta de trabajo, de gestión y, sobre todo, de planificación. Alboraya lleva años sin una hoja de ruta clara, y eso está pasando factura.
¿Qué valoración hace la oposición de la situación judicial del alcalde por el tema de la piscina municipal?
La valoración desde la oposición es clara: hay que esperar a lo que diga la justicia. Es un asunto que está en manos de los jueces y será su resolución la que marque el camino.
A nivel político, lo que sí he defendido y sigo defendiendo es que no ha habido un interés real por resolver el problema. Hay un punto clave: en 2017, cuando el Ayuntamiento de Valencia empieza a cobrar el IBI en esa zona, con cuatro años de retroactividad. Hasta ese momento, Alboraya no lo estaba cobrando.
Eso, por sí solo, ya debería haber encendido todas las alarmas y haber provocado una reacción más firme por parte del gobierno local. Desconozco qué acuerdos o situaciones previas podían existir, pero lo que tengo claro es que, de haber estado en esa responsabilidad, yo habría actuado de otra manera.
“Proyectos financiados y anunciados siguen sin ejecutarse. El problema no es la falta de recursos, sino la falta de gestión.”
¿Debería asumir responsabilidades políticas el alcalde?
Sí, hay responsabilidades y deberían asumirse. También habrá que preguntarse por qué se decidió actuar así cuando, aparentemente, se tenía claro que esa zona correspondía a Valencia. Es una decisión, como mínimo, arriesgada. Más aún cuando desde 2017 se viene pagando el IBI de esos terrenos. Ahí alguien deberia haber puesto freno a construir porque la posición de Valencia ya era clara.
De hecho, el Partido Popular presentó recientemente una moción para reclamar al Ayuntamiento de Valencia el dinero correspondiente a los servicios que presta Alboraya en esa zona: policía, alumbrado, alcantarillado, limpieza o recogida de residuos. Al final, es como ir a un restaurante, poner tú la comida y encima pagar el menú.
También habéis denunciado desde el partido que el equipo de gobierno ha perdido subvenciones por no ejecutar determinadas acciones, como era el tema de igualdad por parte de la Diputación.
Sí, si no recuerdo mal, fueron unos 4.000 euros que se tuvieron que devolver por no haber justificado correctamente la subvención. En realidad, no es que se perdiera el dinero sin más, sino que la Diputación lo había concedido al Ayuntamiento y no se supo ejecutar, por lo que hubo que devolverlo.
Y esto es importante, porque no estamos hablando de una ayuda que se cobra después de hacer el gasto. Aquí el dinero ya estaba concedido, y aun así no se fue capaz de gestionarlo. Eso evidencia un problema de gestión claro.
¿En qué otros casos está afectando esta parálisis del Ayuntamiento a otros proyectos?
Sí, hay ejemplos claros. Estamos viendo cómo llegan fondos europeos, por ejemplo en turismo, y aun así proyectos como la rehabilitación del Chalet Azul llevan cinco o seis años sin terminar. Algo está fallando en la gestión.
Lo mismo ocurre con el plan Edificant en el colegio Cervantes. El Edificant venía del Consell del Botànic y dejaba en manos del ayuntamiento la ejecución de las obras de los centros. En este caso, el gimnasio lleva años sin ejecutarse, pese a contar con financiación de la Generalitat. Es una reivindicación de las familias y uno de los motivos por los que el PP votó en contra de los presupuestos, ya que ni siquiera se ha previsto una partida para avanzar en el proyecto.
A esto se suma la falta de planificación en cuestiones clave como la subida del agua. Propusimos medidas para aliviar el impacto en los vecinos y tampoco se contemplaron. Al final, el problema es que no se están abordando los temas importantes del día a día ni hay una estrategia clara para solucionarlos.
“El aumento de la delincuencia y la falta de efectivos policiales evidencian un problema de gestión. La población crece, pero los recursos no se adaptan.”
Otro caso curioso fue el de promover la compra para la Cabalgata por tiendas como Shein. ¿Qué valoración hacéis?
Es un ejemplo más de cómo se está gestionando. No tiene sentido defender el comercio local y, al mismo tiempo, promover compras a través de tiendas online en las iniciativas municipales. Ese dinero podría quedarse en Alboraya, porque los propios comerciantes pueden conseguir esos productos.
Cuando pedimos explicaciones, se dijo que era responsabilidad de la empresa organizadora de la cabalgata, pero la pregunta es clara: ¿quién supervisa? Al final, la responsabilidad última es del concejal correspondiente. Aquí hay un problema evidente de control y gestión.
Y no es un caso aislado. Hace poco denunciamos que el Consejo de la Juventud llevaba cuatro años sin reunirse, pese a que su propio reglamento establece encuentros trimestrales. Esto demuestra que no es solo una cuestión de recursos, sino de falta de voluntad y de gestión.
¿Qué os han transmitido los comercios de Alboraya sobre la gestión municipal?
Nosotros nos reunimos con todos, porque quien mejor conoce cada sector es quien lo vive en el día a día: los comerciantes, los clubes deportivos, las asociaciones. Y desde ahí es desde donde hay que construir las políticas.
En comercio local, es evidente que hay que darle una vuelta. Se han perdido iniciativas como la Ruta de la Tapa, se anunció una Ruta del Esmorzar y tampoco se ha ejecutado. Falta dinamización y un apoyo real.
El comercio local no es solo economía, es vida. Un escaparate abierto genera actividad, seguridad y comunidad. Cuando una zona pierde comercios, pierde todo eso. Por eso es fundamental apostar por él y reactivar aquellas áreas donde la actividad está cayendo.
¿Qué mejoras consideras que son necesarias para aplicar a las dos playas que son referentes de Alboraya?
Las prioridades son claras: seguridad y limpieza. Son las principales quejas de los vecinos y, para mí, los ejes fundamentales.
A partir de ahí, también es clave garantizar unos servicios mínimos que hoy no se están cumpliendo: una apertura adecuada de las oficinas de la AMIC, servicios municipales en condiciones en las playas y una mayor presencia policial.
En general, las playas necesitan una revisión profunda en su gestión, pero sobre todo mejorar la conexión real con los vecinos. Hay que darle una vuelta a cómo se están haciendo las cosas y poner al vecino como eje fundamental de la acción en esos barrios. No al revés.
¿Qué crees que está fallando en el servicio de limpieza de Alboraya?
El problema es de gestión y de supervisión. Recibo a diario fotos y avisos de contenedores desbordados, suciedad y falta de limpieza. No es algo puntual, es una situación constante.
Y quiero dejarlo claro: no es culpa de los trabajadores municipales. El responsable es quien dirige el área. Hay que estar encima, conocer la realidad del municipio y actuar. Porque si cualquier vecino lo ve al pasear, es difícil creer que el responsable no lo vea; y si lo ve y no actúa, el problema es de gestión.
Además, falta control sobre la empresa concesionaria. Si no cumple, hay que sancionar. Para eso están los contratos y los servicios jurídicos.
A todo esto se suma un contrato de basuras desfasado, prorrogado durante años sin actualizarse, pese a que los costes han cambiado. Esa falta de planificación es lo que nos ha llevado a esta situación: años funcionando sin las garantías que el municipio necesita.
Otros municipios como es vuestro caso han crecido en turismo como es el caso de Puçol. ¿Qué debería aprender Alboraya por ejemplo de otros municipios?
Creo que hay mucho margen de mejora. Hace poco conocimos datos que reflejan que Alboraya es era el municipio donde más ha aumentado la delincuencia, mientras que Puçol ha sido el que más la ha reducido. Son datos del Ministerio de Interior del 2025 donde Alboraya era el municipio líder en delincuencia.
Para mí, el problema vuelve a ser de gestión. La plantilla policial prácticamente no ha crecido en más de una década: seguimos en cifras muy similares a las de 2012, con alrededor de 50 agentes, mientras que el municipio ha aumentado en varios miles de habitantes.
Y eso se nota en el día a día. Sin ir más lejos, este fin de semana vecinos de la zona de Rei en Jaume me trasladaban que habían sufrido varios robos en vehículos en apenas unos días. A esto se suman problemas como viviendas ocupadas en algunas zonas.
En definitiva, la situación requiere una respuesta más firme, porque empieza a ser difícil de sostener.
De la gestión económica del ejecutivo, del alcalde socialista, ¿cómo has visto las cuentas? ¿Qué evolución tienen las cuentas con respecto, o sea, desde que comenzaron hasta la actualidad?
En cuanto a la evolución de las cuentas, es cierto que ahora se ingresa más que en 2011, pero también hay que tener en cuenta que se recaudan más impuestos, lo que explica ese aumento de la recaudación. En cualquier caso, falta transparencia. Hace dos meses solicité los presupuestos y liquidaciones de los últimos años, desde 2011, para poder analizarlos en detalle, y todavía no me los han facilitado. El señor alcalde dice que quiero bloquear el municipio por pedir unos presupuestos que tienen y es volcarlos en un usb.
Y eso es lo que sorprende: no hablamos de nada complejo, sino de información básica que debería estar accesible. Pedir esos datos no es bloquear el Ayuntamiento, es simplemente ejercer una labor de control y de transparencia. Un ejemplo claro de la falta de planificación es el presupuesto de 2025, donde hubo más de 3 millones de euros en modificaciones de crédito. Es una cifra muy elevada y, además, llamativa por su contenido.
Las modificaciones deberían responder a imprevistos, pero aquí se han utilizado incluso para gastos previsibles, como las fiestas del municipio. Y eso evidencia un problema: las fiestas tienen fecha fija, no son algo sobrevenido, por lo que deberían estar correctamente presupuestadas desde el inicio.
Que gastos ordinarios se cubran mediante modificaciones demuestra una falta de planificación. Algo similar ocurrió con el contrato de las casetas, que fue anulado por el Tribunal de Contratación al justificarse por una supuesta “urgencia” que no era tal.
En definitiva, más allá de que todo sea legal, lo que refleja es una gestión poco rigurosa y sin previsión.
¿Querrías ser candidato del PP en Alboraya en las elecciones de 2027?
Eso lo decide el partido. Pero yo siempre estoy a disposición de mi partido.