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SUBIT! impulsa la improvisación en Valencia con una escuela propia y una escena cultural cada vez más viva

La compañía convierte el error en lenguaje teatral y consolida un movimiento que crece dentro y fuera del escenario

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Componentes de SUBIT! : Eze Navarro, Xavi Romero y David Fajardo

La improvisación no avisa. No manda escaleta. No confirma por WhatsApp. Aparece. Y si uno parpadea, se la pierde. En una sala de barrio, alguien propone una palabra o una frase desde el público. Cuatro actores se miran apenas un segundo. Y, de pronto, ya hay un conflicto, un personaje exagerado, una historia que avanza sin red. Lo que para el espectador es vértigo, para ellos es hogar.

Detrás de ese equilibrio entre caos y precisión están Eze Navarro, Xavi Romero y David Fajardo, integrantes de SUBIT!, compañía valenciana que lleva desde 2007 defendiendo la impro en clave de humor y con una idea clara: hacer teatro, no solo juego escénico.

Del doblaje al Momento Súbit!

En conversación con David Fajardo, el recorrido vital explica muchas cosas. “Yo era actor de doblaje y quería hacer teatro para mejorar… descubrí la improvisación, me enfoqué a tope y lo tenía como hobby”, cuenta.

El punto de inflexión llegó tras un despido colectivo en la empresa en la que trabajaba. Sin plan B claro, decidió apostar por lo que hasta entonces había sido una pasión paralela. “Ahora estoy súper feliz y me parece que es de las mejores decisiones que he tomado”.

La impro, insiste, no es magia espontánea. “Es como un deporte, se entrena”. Habrá quien tenga un talento natural —“solo hay un Rafa Nadal”—, pero el progreso depende del trabajo y de la escucha. Porque en este lenguaje escénico nadie brilla solo: o funciona el equipo, o la escena se cae.

Y, sin embargo, esa caída también forma parte del aprendizaje. “Es lanzarte al vacío porque no sabes lo que vas a hacer”, admite. Justamente ahí reside su potencia.

Actuación de Laboratorio Impro

Una escuela abierta (de verdad)

Como muchas compañías consolidadas, SUBIT! dedice ampliar el ecosistema creando su propia escuela. Así nació Laboratorio Impro, un espacio donde la improvisación deja de ser misterio para convertirse en herramienta.

La puerta está abierta a todo tipo de perfiles: actores, docentes, profesionales que quieren hablar mejor en público, monologuistas interesados en perfeccionar el trabajo con espectadores o personas que simplemente buscan una actividad distinta. “No hacemos casting. Puede actuar todo el mundo”, recalca Fajardo.

A partir del segundo año, los alumnos pueden subirse al escenario con ImproLab, la compañía vinculada a la escuela, donde actúan en salas y bares —con remuneración incluida— como primer paso hacia algo más profesional.

De esas aulas han surgido formaciones como Aspaiet, Cabra Kadabra y Ca Maleantes. Señal de que el movimiento no solo se mantiene, sino que se expande.

Uno de los orgullos del proyecto ha sido el trabajo con institutos y jóvenes. La filosofía impro encaja especialmente bien en edades donde el miedo al ridículo pesa más. “Nos han venido padres diciéndonos: ‘Es lo que más le gusta’. Y eso te dice: wow, estamos haciendo algo guay”.

 

Actuación de Laboratorio Impro

Reír para desconectar

En escena, SUBIT! juega con el absurdo, la exageración y el personaje desatado. Pero el objetivo es claro: que el público salga distinto a como entró.

“Si consigues que la gente se ría, es perfecto”, resume Fajardo. Aunque a veces ocurre algo más profundo. “Sale gente y te dice: ‘Tengo una movida y habéis conseguido que esté dos horas totalmente desconectado’. Ya solo por eso vale la pena”.

La improvisación en España echó raíces en València de la mano de l'Om Imprebis, maestros de toda una generación. Hoy, en un contexto donde compañías como Corta el Cable Rojo o Jamming visitan la ciudad con frecuencia, el público valenciano entiende que esto no es una rareza: es un lenguaje escénico con identidad propia.
 

El escenario como punto de partida

SUBIT! se define como una compañía apasionada por la impro en clave de humor. Más de una década sobre los escenarios les ha enseñado que lo inesperado no se controla: se abraza.

Y quizá ahí esté la clave. En una época obsesionada con el guion perfecto y el resultado previsible, la improvisación reivindica algo radicalmente sencillo: escuchar, aceptar y construir juntos.

Quien quiera comprobarlo puede acercarse a los cursos y espectáculos de Laboratorio Impro y SUBIT!, consultar su programación en su página web y descubrir que, a veces, el mejor plan es el que todavía no existe. Porque en el Momento Súbito no hay garantías. Solo presente. Y eso, bien jugado, es más que suficiente.