Hace veinte años Caja Ingenieros abrió su primera oficina en Valencia con una premisa clara: ofrecer una banca distinta, basada en el modelo cooperativo y en la relación directa con sus socios. Dos décadas después, la entidad ha triplicado su base social en la ciudad y gestiona más de 212 millones de euros en volumen de negocio, consolidando su presencia en una de las economías más dinámicas del país.
En este contexto, Juanjo Llopis, director general de la cooperativa financiera, conversa con Valencia Extra sobre el crecimiento de la entidad en la ciudad, el valor del modelo cooperativo frente a la banca tradicional y el papel que puede jugar una entidad financiera en el desarrollo económico y social del territorio. En esta entrevista también aborda cuestiones como la digitalización bancaria, la sostenibilidad, el apoyo al talento universitario o los retos de futuro de la entidad en la Comunitat Valenciana.
Caja Ingenieros llegó a Valencia en 2006. Veinte años después cuentan con casi 6.000 socios en la ciudad y más de 212 millones de euros en volumen de negocio. ¿Qué balance hacen de estas dos décadas de implantación?
El balance es muy satisfactorio. Caja Ingenieros tiene 58 años de historia y cuando llegamos a Valencia ya contábamos con una base de socios vinculados a la ciudad que habían iniciado su relación con nosotros en otros territorios. En estos 20 años hemos conseguido multiplicar por más de tres esa base inicial de socios y también el volumen de negocio.
Además, hemos ampliado los segmentos con los que trabajamos. La entidad nació vinculada al colectivo de ingenieros, pero ya desde los años 80 abrimos nuestros servicios a otros profesionales y perfiles. Hoy trabajamos con ingenieros, pero también con muchos otros profesionales, con banca personal a la que asesoramos en inversiones y financiación, y con instituciones de la Comunitat Valenciana con las que colaboramos en la gestión de recursos.
Por tanto, el balance es muy positivo: compromiso con el territorio, con las personas, con las empresas y con las instituciones valencianas.
Habla del modelo cooperativo. ¿Es esa cercanía y el asesoramiento personalizado la principal diferencia frente a la banca tradicional?
Nuestro ADN es cooperativo desde el origen. La principal diferencia es que nuestros clientes son también los propietarios de la entidad. Son socios, y eso cambia la forma de trabajar respecto a la banca tradicional.
Ese modelo también explica nuestro crecimiento. Cuando llegamos a Valencia estábamos en un momento muy complejo para el sector financiero, en plena crisis. Y aun así hemos conseguido multiplicar por tres el negocio.
Lo hemos hecho manteniendo una gestión prudente. Nunca introdujimos cláusulas suelo en nuestras hipotecas, no comercializamos participaciones preferentes ni fondos de inversión dinámicos y mantenemos una política de inversión muy prudente en determinados sectores como el inmobiliario.
Siempre hemos buscado preservar el modelo cooperativo, actuar con prudencia y ofrecer un servicio de proximidad y calidad a nuestros socios.
Cuando abrieron la oficina en Valencia, ¿qué expectativas tenían y cómo han evolucionado con el tiempo?
La evolución ha sido muy positiva. Empezamos con unos 1.900 socios en la ciudad y hoy prácticamente hemos triplicado esa cifra.
Además, uno de los aspectos que seguimos muy de cerca es la satisfacción de nuestros socios. Medimos de forma periódica el índice de recomendación, el Net Promoter Score, que es uno de nuestros principales indicadores de gestión.
Los resultados son muy altos y eso se refleja también en Valencia. La recomendación entre socios ha sido una de las claves del crecimiento. Este año, además, hemos obtenido el primer puesto a nivel nacional en calidad de servicio en el estudio EQUOS, realizado mediante técnicas de mystery shopping, lo que refuerza el trabajo realizado.
En un contexto de concentración bancaria en España, ¿cree que el modelo cooperativo está ganando relevancia como alternativa?
En España el sector cooperativo representa aproximadamente un 10% del volumen de negocio bancario. Si miramos Europa, ese porcentaje alcanza alrededor del 23%.
Creemos que es un modelo plenamente vigente y con recorrido. Además, fue el único colectivo del sistema financiero que no necesitó ayudas públicas durante la crisis.
En España parte de ese modelo de banca más social y cercana lo representaban también las antiguas cajas de ahorro, que prácticamente han desaparecido. Eso explica la diferencia que existe respecto a Europa.
Nosotros no queremos que el cooperativismo se vea como un sector alternativo, sino como un modelo de negocio distinto, donde el cliente está en el centro y donde el servicio, la proximidad y la calidad son elementos fundamentales.
¿Qué ventajas concretas tiene para un valenciano convertirse en socio de Caja Ingenieros frente a ser cliente de una entidad tradicional?
La primera es que forma parte de una entidad democrática de la que es propietario. Puede participar en las asambleas y aportar su visión.
La segunda es que encuentra un catálogo de productos equilibrado, con buenas condiciones y con un enfoque orientado al servicio al socio.
Y la tercera es la proximidad. En la oficina de Valencia, por ejemplo, las tres personas que abrieron la oficina hace veinte años siguen formando parte del equipo. Eso genera una relación estable y un conocimiento profundo del socio, que se traduce en un servicio personalizado.
Mantienen además una relación estrecha con la Universitat Politècnica de València. ¿Qué papel juega el talento universitario en su estrategia?
Tenemos una oficina en el campus de la Universitat Politècnica de València que presta servicio tanto a profesores como a estudiantes.
Nuestra vocación es acompañar a las personas desde su etapa universitaria. Además, a través de la Fundación Caja Ingenieros impulsamos iniciativas como becas para los mejores expedientes académicos o programas orientados a fomentar la empleabilidad.
También desarrollamos iniciativas específicas, como programas de formación para mujeres ingenieras mayores de 50 años que desean reincorporarse al mercado laboral.
¿Cómo se deciden los proyectos sociales que impulsa la fundación?
La fundación trabaja sobre tres ejes principales. El primero es la innovación y el desarrollo de soluciones que puedan contribuir a resolver retos sociales, como el acceso a la vivienda. El segundo es la educación y la salud financiera, promoviendo formación y conocimiento financiero entre la población. Y el tercero es el impulso de la economía social y del cooperativismo en los territorios donde estamos presentes.
Dentro de esos tres ámbitos seleccionamos proyectos que encajen con nuestra dimensión, con nuestra capacidad de gestión y con las necesidades del territorio.
La digitalización ha cambiado mucho la relación entre los clientes y los bancos. ¿Cómo equilibran esa transformación con el trato personal?
Hoy en día es imposible entender un banco sin una base digital sólida. En nuestro caso, el 87% de los socios utiliza la banca digital y accede a la aplicación móvil de forma recurrente.
La estrategia es combinar ambas cosas. Todo lo que tiene que ver con operaciones cotidianas se realiza de forma digital. En cambio, cuando se trata de decisiones importantes: una inversión, una financiación o la revisión de una cartera, entra en juego el asesoramiento personal.
Es una estrategia dual: digital para la operativa diaria y presencial para el asesoramiento especializado.
Valencia está ganando peso como hub tecnológico y emprendedor. ¿Cómo puede contribuir una entidad como Caja Ingenieros a ese desarrollo?
Nuestro papel es canalizar recursos hacia proyectos que generen valor económico y social. Captamos ahorro de nuestros socios, lo invertimos con criterios de rentabilidad y responsabilidad y lo canalizamos hacia proyectos empresariales que contribuyan al desarrollo del territorio.
Eso incluye iniciativas tecnológicas, proyectos empresariales o inversiones vinculadas al desarrollo sostenible.
Después de estas dos décadas en Valencia, ¿cuáles son los próximos retos de la entidad en la ciudad?
El principal reto es seguir creciendo y dar a conocer el modelo cooperativo. Queremos ampliar la comunidad de socios y generar un círculo virtuoso: crecer, generar recursos, reinvertirlos para mejorar el servicio y devolver parte de ese valor a la sociedad a través de la fundación.
Además, Valencia es uno de los territorios con mayor dinamismo económico en España, por lo que forma parte esencial de nuestra estrategia de crecimiento.