València no solo se viste de fuego, pólvora y arte cada marzo: sus Fallas son también un potente motor económico que moviliza a toda la ciudad y a la región. Así lo demuestra el informe “Las Fallas de la ciudad de València. Estudio de impacto económico 2024”, elaborado por la Càtedra Model Econòmic Sostenible València i Entorn de la Universitat de València.
Y es que la tradicional fiesta valenciana no solo representa una de las expresiones culturales más reconocidas del país, sino que también genera cifras tan impactantes como más de 733 millones de euros en ventas, 177 millones en renta y la creación de 6.440 empleos temporales vinculados directamente a la festividad.
La magnitud de las Fallas se refleja en los números: 348 comisiones falleras, casi 90.000 falleros activos, 1.857 instalaciones efímeras, 350 espectáculos pirotécnicos de gran envergadura, y más de 800.000 visitantes que llegan a la ciudad durante los días grandes de la fiesta.
El impacto no solo recae sobre los sectores directamente vinculados, como los artistas falleros, indumentaria o pirotecnia, sino que se extiende a la hostelería, el transporte, el comercio, los servicios empresariales y hasta el sector inmobiliario. La celebración requiere la coordinación de 400 calles cortadas al tráfico, 2.634 servicios especiales de Metrovalencia, 3 millones de plazas adicionales de autobuses de la EMT, más de 6.000 agentes de seguridad y un dispositivo de bomberos compuesto por 400 personas y 147 vehículos, además de un refuerzo de 1.193 personas en los servicios de limpieza.
El gasto generado durante la festividad alcanza casi 400 millones de euros. El turismo representa la mayor aportación, con 269 millones, es decir, el 68% del total. Le siguen los falleros con 74,13 millones de euros y las comisiones falleras con 35 millones. La mayor parte de este gasto se concentra en hostelería, industria textil y transporte.
La hostelería emerge como el gran beneficiado, con una renta generada de 62,4 millones de euros y la creación de 2.427 empleos, el 38% del total. Le siguen los servicios empresariales y las actividades inmobiliarias, con 32 millones de euros en renta y 529 empleos, y el comercio, con 16,7 millones de euros en renta y 987 empleos.
Este impacto se multiplica cuando se incluyen los gastos de las administraciones públicas: Ayuntamiento de València, Diputación, Generalitat y Delegación del Gobierno invierten en soporte ciudadano, festejos y subvenciones a las comisiones. Por cada millón de euros invertido, las Fallas generan 12 millones de euros de PIB, 49 millones en ventas y 430 puestos de trabajo, una cifra que evidencia que la inversión pública se transforma en crecimiento económico tangible.
Este potencial se combina con el dinamismo del gasto privado: los falleros que no pertenecen al cuadro de honor gastan de media 767 euros durante la temporada, mientras que los que sí se integran dentro de este sector pueden superar los 4.111 euros, contribuyendo a un gasto total estimado de 74,13 millones de euros. Cada comisión fallera invierte de media 100.356 euros, con un gasto medio por fallero de 392 euros. Los principales destinos de este gasto son la construcción de la falla (23.173 euros), comida y bebida (14.372 euros) y el mantenimiento del casal (11.489 euros).
El turismo, por su parte, moviliza un total de 259,7 millones de euros: 66,6 millones provenientes de visitantes locales, 71,5 millones de residentes regionales, 49,2 millones de otras partes de España y 71,4 millones de turistas internacionales. El destino preferido del gasto es la gastronomía: bares y restaurantes reciben 97,2 millones de euros, que aumentan hasta casi 144,7 millones si se incluyen otros consumos relacionados con comida y bebida, representando el 56% del gasto turístico total. El alojamiento también tiene un papel destacado, con un gasto de 48,8 millones de euros.
Este estudio pone de manifiesto la importancia estratégica de las Fallas más allá de su valor cultural y festivo. La organización de la fiesta impulsa la economía local y regional, favorece el empleo temporal, dinamiza sectores tradicionales y modernos, y refuerza la visibilidad internacional de la ciudad de València. La combinación de gasto público y privado demuestra que las Fallas no son solo un evento de entretenimiento y tradición, sino un auténtico motor económico con efectos tangibles en la vida cotidiana de los valencianos y en el tejido empresarial de la Comunitat Valenciana.