El coste de vivir en la Comunitat Valenciana continúa golpeando con fuerza a las familias. Según el III Barómetro Planeta Propietario, elaborado por Grupo Mutua Propietarios, el 28 % de los valencianos reconoce tener algún tipo de dificultad para asumir los gastos básicos del hogar. Pero este fenómeno no afecta a todos por igual, ya que los jóvenes, las familias numerosas, los inquilinos y las personas con ingresos bajos son los colectivos que más sufren este aumento de costes, que se ha disparado en apenas un año.
El informe detalla que las “facturas del hogar”, que incluyen el pago de la vivienda, la cesta de la compra y los suministros energéticos, alcanzaron una media de 1.210,17 euros al mes en 2025, lo que supone un incremento del 10,4 % respecto al año anterior. La situación se vuelve crítica cuando se compara con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 2025, que se sitúa en torno a 1.200 euros netos al mes en 12 pagas. Es decir, que un hogar que dependa de un único SMI debe destinar más del total de sus ingresos (102,2 %) únicamente a cubrir los gastos básicos, sin margen para ahorro o imprevistos.
La vivienda, el mayor gasto
El análisis del gasto medio en los hogares valencianos revela que el coste más elevado sigue siendo el de la vivienda, con un aumento del 12,9 %. Un dato especialmente preocupante es que el gasto en alquiler (588,63 euros) ya supera al de la hipoteca (572,43 euros) en un 16,2 %. En segundo lugar, se encuentra la cesta de la compra, cuyo coste medio ha ascendido a 465,2 euros mensuales, un 12,7 % más que en 2024. Solo los gastos energéticos - agua, luz y combustible -han mostrado un ligero descenso del 2,3 %.
El III Barómetro Planeta Propietario también analiza cómo los hogares están haciendo frente a estas dificultades. La tendencia se aleja de los ajustes drásticos y visibles, como recortar el consumo energético o dejar de comprar muebles y artículos para la casa, y se centra en pequeñas modificaciones en el día a día. Una de las medidas más adoptadas es la compra de marcas blancas frente a productos frescos, mencionada por un 16 % de los encuestados. Esta estrategia de contención del gasto diario se sitúa solo por detrás de retrasar arreglos o mejoras en la vivienda.
La Comunitat Valenciana, en la senda de la desigualdad
Los datos de Mutua Propietarios se complementan con los informes de la European Anti-Poverty Network (EAPN), que en su estudio El Estado de la Pobreza 2025 muestra que la Comunitat Valenciana ha experimentado ciertos retrocesos frente a la mejoría general en el resto de España.
La región se sitúa como la quinta comunidad autónoma con mayor tasa de pobreza, alcanzando un 24,8 %, lo que equivale a 1,3 millones de personas, frente al 19,7 % de media nacional. Entre los colectivos más vulnerables destacan las personas que viven de alquiler (48,6 %), los desempleados (42,4 %) y las personas con alguna discapacidad (29,1 %).
Y es que la pobreza severa afecta al 11,4 % de la población valenciana, cerca de 600.000 personas, situando a la Comunitat Valenciana en el tercer puesto en este indicador a nivel nacional. Las personas en desempleo y los inquilinos son los más castigados por esta situación. De hecho, si la autonomía fuera un país, sería el segundo con mayor riesgo de exclusión en la Unión Europea, solo por detrás de Bulgaria.
El informe de EAPN evidencia que los valencianos enfrentan graves dificultades en aspectos cotidianos: el 37,1 % no puede afrontar gastos imprevistos, el 33,8 % no puede permitirse ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, el 26,7 % no puede sustituir muebles estropeados o viejos, y el 13,1 % no puede gastar una pequeña cantidad en sí mismos cada semana.
El análisis de los ingresos completa el retrato de la vulnerabilidad en la región. La renta neta media por persona en la Comunitat Valenciana en 2025 era de 14.017 euros, una de las más bajas de España. Los datos del III Barómetro Planeta Propietario y del informe de EAPN dibujan, por tanto, un panorama complejo.
Actualmente, los valencianos están haciendo malabares para cubrir los gastos básicos, adoptando estrategias de ahorro que, aunque pequeñas, son el reflejo de un entorno económico cada vez más restrictivo. La presión sobre la vivienda y la cesta de la compra, combinada con ingresos limitados y tasas de pobreza superiores a la media nacional, evidencia la urgencia de soluciones que no solo mitiguen los costes inmediatos, sino que también aborden la desigualdad estructural y la vulnerabilidad económica a largo plazo.