En lo alto de una roca que se adentra en el Mediterráneo, dominando el horizonte y vigilando la costa desde hace siglos, se alza uno de esos lugares que parecen sacados de un libro de historia. En la Comunitat Valenciana existe un enclave que no solo deslumbra por su imagen, sino que ha conquistado a expertos en patrimonio y a miles de espectadores. Y es que el Castillo de Peñíscola ha sido señalado por National Geographic como una de las fortalezas imprescindibles de España, y razones no le faltan.
Su silueta de piedra, recortada sobre el azul del mar, es una de las estampas más reconocibles del litoral castellonense. Construido sobre un antiguo islote que con el tiempo quedó unido a tierra firme, el castillo corona la ciudad antigua de Peñíscola y la convierte en un auténtico balcón al Mediterráneo. Pasear hoy por sus murallas es hacerlo entre siglos de historia, batallas, intrigas religiosas y leyendas que siguen vivas en la memoria local.
Pero este enclave medieval no solo mira al pasado. En los últimos años ha vuelto a cobrar protagonismo gracias al cine y la televisión. La rambla de Felipe II y los alrededores del castillo fueron uno de los escenarios elegidos para la sexta temporada de Juego de Tronos, donde Peñíscola se transformó en la exótica ciudad de Meereen. Allí se rodó una de las escenas más recordadas, con Tyrion Lannister y Lord Varys caminando entre murallas que, por unos días, dejaron de ser medievales para convertirse en ficción épica.
Una fortaleza frente al mar que sirvió de refugio
El origen del castillo se remonta al siglo XIII, cuando los caballeros templarios levantaron esta imponente fortaleza gótica, finalizada en 1307. Sus muros macizos, diseñados para resistir ataques desde tierra y mar, reflejan el poder de una orden que llegó a ser clave en la Europa medieval. Precisamente, la desaparición de la Orden del Temple es uno de los grandes episodios históricos ligados a este lugar, que pasó a ser testigo directo de un cambio de era.
El acceso al recinto ya anticipa la magnitud del conjunto. Tres puertas históricas —Sant Pere, el Portal Fosc y Santa María— conducen al visitante a un interior donde aún se conservan espacios como las caballerizas, el cuerpo de guardia, las mazmorras o el zaguán. Cada estancia ayuda a imaginar la vida cotidiana de aquellos monjes guerreros que combinaron fe y armas durante décadas.
Pero si hay un nombre inseparable del castillo, ese es el del Papa Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna. Durante el Cisma de Occidente, este pontífice fijó su residencia en Peñíscola, convirtiendo la fortaleza en sede papal. Desde aquí defendió su legitimidad durante años, aislado y rodeado de un pequeño círculo de fieles, mientras Europa se dividía entre distintos papas.
Visitas guiadas
La visita no termina dentro de los muros. El Parque de Artillería rodea la fortaleza por su fachada marítima y regala algunas de las mejores vistas de la costa valenciana. Desde allí, el mar parece infinito. Durante la Pascua y los meses de verano, entre junio y septiembre, se organizan visitas guiadas gratuitas con aforo limitado, una oportunidad ideal para descubrir todos los secretos del recinto de la mano de especialistas.
El resto del año, la opción es recorrerlo libremente con una audioguía descargable. La entrada general tiene un precio de 5 euros, con tarifas reducidas para estudiantes, mayores de 60 años y personas desempleadas, además de acceso gratuito para menores de 8 años y personas con discapacidad.
Más allá del castillo, Peñíscola invita a perderse por sus calles empedradas, a descubrir rincones con encanto y a completar la visita con gastronomía y mar. Historia templaria, pasado papal, paisajes de postal y un toque de Hollywood convierten al Castillo del Papa Luna en una escapada cultural imprescindible. Un lugar donde cada piedra cuenta una historia con el Mediterráneo como telón de fondo.