Hay entrevistas que se encarrilan… y otras que se desmadran (para bien). La conversación con Josep Lozano y Lluís Nadal va claramente por ahí: respuestas que se pisan, bromas que se cuelan entre conceptos y esa sensación constante de estar más en una sobremesa que en un cuestionario. Todo esto mientras comeMODA sigue dando que hablar tras una presentación en el Centre del Carme Cultura Contemporània con la sala llena hasta arriba. Hablan de moda, sí, pero también de todo lo que la rodea, la sostiene y, sobre todo, la contradice. Y lo hacen con una mezcla bastante poco habitual: rigor, ironía y cero ganas de ponerse solemnes.
Vestirse también es pensar
El libro, que rehúye tanto el ensayo académico como la autobiografía al uso, se construye como una especie de mapa híbrido donde conviven experiencias, teoría, backstage y memoria. Pero sobre todo, una idea atraviesa toda la conversación: la moda no es superficial. O, al menos, no solo.
“La moda no pertenece al mundo de la farándula ni al de la frivolidad. Sino del pensamiento”, afirman. Y lo dicen con esa mezcla de convicción y naturalidad que desactiva cualquier prejuicio.
De hecho, uno de los grandes aciertos del libro es cómo convierten algo aparentemente abstracto en algo tangible. Lo hacen con ejemplos, con escenas casi cinematográficas y con frases que se quedan flotando. Como esta: “La moda no es dejarte llevar, es dejarte pensar”.
El backstage: donde se cae el mito
Si hay un lugar clave en comeMODA, ese es el backstage. Ese espacio casi mítico donde, según ellos, se desmonta todo.
“En el backstage ves las cosas como son. Sin artificios”, explican. Ni glamour constante ni pose eterna: trabajo, técnica, coordinación. “Te das cuenta de que es un trabajo, una forma de vivir, y que tiene poco que ver con la poética de enseñar”.
Ahí aparece una de las ideas más interesantes del libro: la dualidad entre lo que se muestra y lo que no. “La poética es la parte del backstage para afuera; la política, del backstage para adentro”. Es decir, lo que vemos frente a lo que sostiene todo ese espectáculo.
La ironía como herramienta (y como defensa)
Hablan mucho de ironía. Y no como recurso estilístico, sino casi como forma de entender la moda. Por un lado, una industria que representa cerca del 2,9% del PIB. Por otro, un sistema que se exhibe como fantasía. “Estamos proponiendo algo como fantasía cuando detrás estamos pensando en producir, consumir, profesionalizar…”. Esa tensión lo atraviesa todo. Y también la contradicción: consumir moda, pero hacerlo con conciencia. “Es la segunda industria más contaminante del planeta”, recuerdan.
En un momento de la conversación aparece otra clave: el storytelling. Hoy, dicen, es tan importante como la prenda. “Necesitamos ese relato para poder vestirnos, porque estamos hablando de un lenguaje”. Y ese lenguaje no es neutro. Vestirse implica elegir, posicionarse, comunicar. Lo resumen con una de esas frases que parecen medio broma, medio verdad absoluta:
“No vistes igual para un entierro que para pedir un préstamo… a no ser que quieras ligar o enterrar al banquero”.
Dos miradas, un mismo libro
La química entre ellos es más que obvia. Se nota en cómo se interrumpen, se completan y, a veces, se contradicen con humor.
Uno más cercano a la dirección artística, el otro más pegado a la producción. Uno empuja, el otro frena. “Yo en principio no suelo tener trabas y luego llega Lluís y las pone”, dice Josep risas. Y funciona.
Esa tensión es precisamente la que da forma al libro: una mezcla de afán didáctico y necesidad de hacerlo digerible. “Eso no se lo va a tragar nadie”, le soltaba uno al otro durante el proceso. Solución: “meter pullitas”, contar anécdotas, hacerlo visual. Y así nace ese tono tan particular: a medio camino entre la crónica, el ensayo y casi una serie.
Una moda menos idealizada
Si algo les sorprende —o quizá les sigue sorprendiendo— es la idealización constante del sector. Frente a eso, ellos proponen una mirada más real. Cuentan, por ejemplo, el caso de un chico que quería ser modelo y que, tras leer el libro, cambió de idea. Lejos de verlo como un fracaso, lo celebran: entender la moda también es entender sus límites.Porque sí, la moda puede ser creativa, cultural y expresiva. Pero también es exigente, técnica y, a veces, poco romántica.
Una conversación que continúa
Al terminar la entrevista, queda la sensación de que el libro habla de mucho más que de moda.
Sobre cómo nos vestimos. Sobre qué decimos sin hablar. Sobre hasta qué punto somos conscientes de ello.
Y, sobre todo, sobre cómo algo tan cotidiano como elegir una camisa puede ser, en realidad, un gesto político, cultural y personal. Con comeMODA, Lozano y Nadal no solo explican la moda. La desmontan, la cuestionan… y, de paso, se ríen un poco de ella. Y eso, en un mundo que a veces se toma demasiado en serio, se agradece.