Cultura

Anabel Alonso: “La mujer rota no da respuestas, pero hace emocionar y reflexionar”

Conversamos con Anabel Alonso sobre La mujer rota, un monólogo incómodo y vigente que llega al Teatro Olympia de València del 5 al 8 de febrero

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Anabel Alonso en la presentación de La Mujer Rota en el Olympia

Anabel Alonso se enfrenta en La mujer rota a uno de los trabajos más exigentes y personales de su carrera. Lejos del registro cómico que ha marcado gran parte de su trayectoria, la actriz se sumerge en un monólogo de Simone de Beauvoir que no concede alivio ni certezas. Solo preguntas.

Dirigida por Heidi Steinhardt, Alonso encarna a Murielle, una mujer que, sola en la noche de Nochevieja, hace balance de su vida y se enfrenta a la soledad, la culpa y la pérdida de identidad. Un texto escrito en 1967 que, contra todo pronóstico, sigue incomodando por su vigencia.

Hablamos con la actriz sobre el proceso creativo, la actualidad del texto y la imposibilidad —o no— de juzgar a un personaje tan quebrado como humano. La obra podrá verse en el Teatro Olympia del 5 al 8 de febrero, y las entradas ya están disponibles a través de la web oficial del teatro.

La mujer rota - © Fotografía de Javier Naval

¿Cómo te has preparado para hacer esta obra? ¿Cuánto tiempo has estado preparándola junto a Heidi?

Antes de comenzar los ensayos hice sobre todo un trabajo de texto, de estudiarlo, de desmenuzarlo, de comprenderlo, también con ciertas pautas que me daba Heidi. Es un texto escrito sin puntos ni comas y muy repetitivo, con pensamientos en bucle, que van y vienen constantemente. Ha sido un trabajo más bien de disección.
Luego, una vez que empezamos los ensayos y lo pusimos en pie, al ponerle el cuerpo y comenzar a vivir las emociones es cuando empiezas a trabajar desde otro lugar, más físico y más interior.

Hablabas de la vigencia del texto. ¿Qué parte de la obra te parece más incómodamente actual?

Tiene varias cosas. Por ejemplo, ella se queja de que su primer marido se divorció y del segundo está separada porque no tiene dinero para pedir el divorcio.
Hay muchas mujeres que no se separan o no se divorcian porque no tienen independencia económica o porque saben que, como el hombre tiene más poder económico, se queda con la casa, con el niño y con todo.
Eso, desgraciadamente, sigue estando vigente.
También está la cuestión de hacer chantaje con los hijos. Es lo que le pasa a ella: “si te estás calladita verás a tu hijo y si no, no te lo dejo volver a ver”.

En el texto aparece el suicidio de una hija y se responsabiliza a la madre.

Sí, desgraciadamente el suicidio sigue muy vigente. En la función se le hace responsable a ella. Hay un momento en el que se dice que, si una chica se mata, la madre es la culpable. Igual no con un titular tan radical, pero sí hay esa carga de responsabilidad. En el texto y en la función, a Murielle se le hace responsable de eso.

¿Qué has aprendido tú de Murielle y qué conversación tendrías con ella si fuera una persona que dijera hoy todo eso en la sociedad actual?

Yo le diría que todo eso que dice lo dice porque está sola. Si no, no se atrevería. Todo eso lo tiene en su cabeza. Nosotras lo hemos puesto en escena y le hemos puesto voz, pero si no, ella se lo dice a sí misma. Le diría que todo eso se lo dijera a todos esos fantasmas a los que habla, que los pusiera delante y se lo dijera a cada uno. Y lo que he aprendido es que callarse y aguantar no te conduce a nada. No hace que te consideren más ni que te quieran más. Tendemos siempre a complacer a los demás pensando que así nos van a querer más y que todo va a ir mejor, y no tiene por qué.

La mujer rota - © Fotografía de Javier Naval

¿Has tenido que protegerte para no juzgar a Murielle o en algún momento te has identificado con ella?

No podría juzgarla. Intento entenderla, no juzgarla. Es una función muy humana. Todo lo que dice parte de la soledad, de la frustración, de lo que le ha tocado vivir.
A Murielle se le achaca mucha responsabilidad cuando ella intenta hacerlo lo mejor posible. Es un texto escrito cuando a la mujer no se le daba voz. Ahora hay muchas mujeres que tienen voz, pero no todas. Ella fue una pionera, con sus contradicciones y sus errores.

La obra no da respuestas. ¿Con qué sensación crees que se va el público cuando termina la función?

A mí me gusta pensar que cuando salgan del teatro y se tomen su café o su caña seguirán hablando de cosas que les han tocado: de la relación con la madre, ya sean hombres o mujeres, de una ruptura, de cuando pelearon por la custodia de un niño o de una niña. A las mujeres nos toca más, porque la cuestión familiar nos toca más, pero a los hombres también.
Y luego está el hecho teatral en sí: en una época de pantallas de distintos tamaños, apostar por dejar la pantalla durante 80 minutos, meterte en un sitio así, se apaga la luz y compartes con un montón de desconocidos una experiencia. Ver en vivo y en directo cómo una actriz se desgarra, llora, ríe… compartir eso, yo creo que tiene mucho valor.