El Ayuntamiento de Valencia ha decidido respaldar con 70.000 euros la actividad del Gremio Artesano de Artistas Falleros, la entidad que desde hace décadas agrupa a los profesionales que diseñan y construyen las monumentales estructuras que cada mes de marzo conquistan las calles de la ciudad. La Junta de Gobierno Local aprobó este jueves la subvención nominativa, que busca garantizar la continuidad de una labor que va mucho más allá del fuego y la pólvora.
Dinero público para custodiar un Patrimonio de la Humanidad
No es casualidad que el consistorio haya puesto el foco en esta entidad. Las Fallas fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016, un reconocimiento que eleva la responsabilidad de preservar no solo la fiesta en sí, sino también los oficios y saberes que la hacen posible. Y esos oficios tienen nombre y dirección: la Ciudad Fallera, el complejo artesanal en el barrio de Benicalap donde los artistas trabajan durante meses para levantar en cuestión de días lo que las llamas destruirán en horas.
La subvención, aprobada a propuesta del Servicio de Fiestas y Tradiciones, sufragará tres grandes áreas. La primera es el Museo del Artista Fallero, un espacio inaugurado en 1993 que conserva ninots y grupos escultóricos de tamaño natural rescatados de la cremà, algunos procedentes de la primera mitad del siglo XX. Su recorrido expositivo traza la evolución histórica del ninot: desde el parot —el artilugio de madera para colgar el candil—, pasando por el ninot de cera y el de cartón, hasta llegar al actual de poliestireno expandido. Una historia del ingenio humano contada en corcho y cartapesta.
La segunda área es el Centro de Documentación de la fiesta de las Fallas, un archivo de memoria colectiva que complementa al museo con bocetos originales, fotografías históricas y publicaciones gremiales. Tras la remodelación de las instalaciones en 2019, el espacio cuenta con una Sala de Bocetos donde se exponen dibujos originales de fallas y carrozas realizados en lápiz, acuarela o gouache, algunos de los cuales datan de los años veinte del siglo pasado.
La tercera pata de la financiación cubrirá los gastos derivados de los servicios para los agremiados y el mantenimiento de la sede en la Ciudad Fallera. Un respaldo cotidiano, sin titulares, pero imprescindible para sostener una estructura que da servicio a la mayoría de los profesionales del sector.
Un gremio con historia y una escuela viva
El Gremio Artesano de Artistas Falleros de Valencia fue tomando forma entre 1942 y 1943, y cobró carta de naturaleza oficial en octubre de 1945, redactándose la primera lista de agremiados el dos de enero de 1946. Desde entonces, la entidad no solo ha velado por los intereses laborales de sus miembros, sino que ha construido un ecosistema cultural propio. Su proyecto más ambicioso fue la Ciudad del Artista Fallero, un complejo artesanal que incluye sede, escuela, museo y talleres —el primero de España con tales características— dedicado a la construcción de fallas, carrozas y escenografías.
Entre las actividades que el gremio organiza para sus integrantes se encuentran sesiones de dibujo al natural con modelos artísticos, cursos de formación y exposiciones. Porque construir una falla no es solo una cuestión de espuma y resinas: es también anatomía, perspectiva y dominio del espacio. La entidad está reconocida como Col·lecció Museogràfica de la Comunitat Valenciana por la Direcció General de Patrimoni Cultural de la Generalitat Valenciana, y es miembro de la Xarxa Valenciana de Museus Fallers.
La aportación municipal responde al reconocimiento explícito de que esta entidad presta un servicio de "indudable interés" cultural y social, en palabras de la propia propuesta aprobada por la Junta de Gobierno Local. Una valoración que, dicho en román paladino, significa que la ciudad entiende que sin artistas falleros no hay Fallas, y sin Fallas, Valencia no es del todo Valencia. Los 70.000 euros son, en ese sentido, una inversión en identidad.


