Poco más de año y medio después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 dejara al menos 238 fallecidos y cuantiosos daños materiales, situándose entre las peores riadas de la historia , la alcaldesa de València, María José Catalá, compareció este jueves en el Palacio de la Exposición de Madrid ante los principales Consejos Económicos y Sociales del país para reclamar que la tragedia no quede sin respuesta institucional. Su mensaje fue directo: ni una sola administración puede afrontar sola una emergencia de esa magnitud, y la prevención debe convertirse en cultura ciudadana.
Un foro de consenso para tiempos de incertidumbre
El escenario elegido no era casual. El encuentro de trabajo del Consejo Económico y Social de España (CES) y los CES autonómicos reúne en una misma sala a empresarios, sindicatos y representantes de la sociedad civil, precisamente el tipo de arquitectura institucional que Catalá defiende como antídoto frente a la polarización. La primera edil lo formuló sin ambages: "Frente a la polarización o la confrontación, ustedes representan el valor del acuerdo. Frente a la inmediatez, representan la reflexión."
"Mejorar la capacidad de respuesta de las administraciones públicas ante situaciones extraordinarias y de emergencia es una obligación ineludible, pero ninguna institución puede afrontar sola desafíos de esta magnitud" - María José Catalá, alcaldesa de València
La alcaldesa puso en valor la función de los CES como "espacios permanentes de cooperación, reflexión y construcción de consensos" y subrayó su utilidad en un contexto marcado por transformaciones tecnológicas, económicas y sociales que, según advirtió, no admiten respuestas unilaterales ni improvisadas. El encuentro contó con la presencia del presidente del CES de España, Antón Costas, así como del presidente del Comité Económico y Social de la Comunitat Valenciana y representantes de los órganos homólogos de Andalucía, Aragón, Islas Baleares, Canarias, Castilla y León, Cataluña, Extremadura, Galicia, Murcia y País Vasco.
La DANA como punto de inflexión
Catalá no eludió la referencia más incómoda y más necesaria. La DANA que golpeó el litoral mediterráneo a finales de octubre de 2024 dejó un rastro de destrucción sin precedentes en la Comunitat Valenciana, con más de 200 víctimas mortales, decenas de desaparecidos y miles de personas evacuadas. La crecida brutal arrasó más de 11.000 viviendas y afectó a 48.700 negocios, truncando el presente y el futuro económico de más de 264.000 personas. Una herida que, lejos de cicatrizar del todo, sigue abierta en muchos municipios del área metropolitana.
La alcaldesa situó este episodio en un marco más amplio: incendios forestales, terremotos, erupciones volcánicas o crisis epidemiológicas son, dijo, "fenómenos cada vez menos extraordinarios", con un impacto humano, social y económico que recae directamente sobre los ciudadanos. La pregunta que planteó, en realidad, no admite dilación: ¿cómo anticiparse a lo que ya no es excepcional?
El Plan València+Segura: de la emergencia a la prevención
La respuesta municipal se llama Plan València+Segura. Impulsado por el Ayuntamiento junto a la cátedra y el binomio Ciutat-Universitat, este programa de formación e información en emergencias nació tras la recuperación de las tres pedanías de la ciudad afectadas por la riada. Hoy, el cambio más profundo quizá sea cultural: la DANA del 29 de octubre de 2024 ha obligado a repensar la relación entre agua, territorio y clima. Y es precisamente en ese giro cultural donde el plan encuentra su razón de ser.
La iniciativa comenzó formando a profesionales y formadores, pero ha ido extendiéndose a distintos sectores de la población y ha sido adoptada por municipios del área metropolitana en coordinación con la Conselleria de Emergencias. El objetivo es construir una cultura de prevención que no dependa de la memoria del desastre reciente, sino que se incorpore como hábito colectivo. Algo que, como bien saben quienes vivieron el 29-O, hace una diferencia brutal entre la vida y la muerte.
València, parte activa de la conversación sobre el futuro
Más allá de la gestión de crisis, Catalá reivindicó para València un papel protagonista en el debate sobre el futuro de las ciudades. Sostenibilidad, innovación, cohesión social, calidad de vida: la alcaldesa enlazó la respuesta a las emergencias con un proyecto más amplio de resiliencia urbana. "El verdadero progreso no se mide sólo en cifras. Se mide en la capacidad de construir sociedades más resilientes, más justas y más humanas", concluyó.
Es una apuesta que, vista desde la perspectiva de lo ocurrido en otoño de 2024, no suena a retórica política, sino a lección aprendida a un precio demasiado alto. Lo que entonces fue caos, ahora se espera que se traduzca en planificación. Que encuentros como el celebrado este jueves sirvan para que esa planificación no se quede en los despachos, sino que llegue a cada vecino antes de que vuelva a llover con furia, es exactamente la apuesta que València lleva ahora bajo el brazo.


