El próximo 3 de julio se cumplen veinte años de uno de los accidentes más dolorosos de la historia reciente de Valencia. Aquel lunes de 2006, dos unidades de tren de Metrovalencia descarrilaron a las 13:03 horas en una curva próxima a la estación de Jesús, arrebatando la vida a 43 personas e hiriendo a otras 47. Dos décadas después, el Ayuntamiento ha dado un paso concreto para que la ciudad no olvide: ha adjudicado el contrato de restauración integral del monumento conmemorativo que guarda su memoria.
Un memorial deteriorado que recupera su dignidad
La empresa Cerrajerías Calvo SL se encargará de los trabajos de rehabilitación por un importe de 8.002,34 euros y con un plazo estimado de un mes. El objetivo es que el memorial esté recuperado antes de que llegue la fecha del aniversario. No es un encargo menor ni meramente estético: el monumento, conocido como Prime Time, lleva desde 2016 instalado en la calle de Sant Vicent Màrtir, justo sobre la curva donde ocurrió la tragedia, y el paso del tiempo —y el propio metro que circula bajo sus pies— le han pasado factura.
"Desde el actual Gobierno municipal avanzamos, fieles a nuestra palabra, en una actuación muy necesaria y cuyo objetivo no es otro que restituir el monumento a su estado original, revertir los daños que presenta actualmente y mantener viva la memoria de las personas que perdieron desgraciadamente la vida ese día" - José Luis Moreno, Delegado de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València
Qué es 'Prime Time' y cómo nació
El memorial no surgió de una iniciativa institucional, sino de la propia determinación de quienes lo perdieron todo. La Asociación de Víctimas del Metro del 3 de Julio (AVM3J) siempre ha mantenido viva la lucha por el reconocimiento de las víctimas. En 2014, esa misma asociación convocó un concurso artístico para crear el homenaje. La propuesta ganadora fue la de Anja Krakowski, artista alemana afincada en València, elegida tanto por el jurado —integrado por nombres como Manuel Borja-Villel, Vicente Todolí o Agustín Pérez Rubio— como por más de 1.100 ciudadanos que votaron telemáticamente.
El resultado es una obra de una sencillez devastadora: cuatro tabiques de vidrio laminado montados en ángulos de 90 grados sobre muretes de hormigón. Sobre ellos, 43 relojes blancos —uno por cada víctima— y siete relojes negros que marcan las 13:03, la hora exacta en que aquellas vidas se detuvieron. El monumento fue financiado mediante una campaña de micromecenazgo popular y donado al Ayuntamiento en 2016. Que el propio metro siga pasando bajo él tiene algo de paradoja silenciosa.
Los daños: vibraciones, humedad y el sol como enemigos
Los técnicos del Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico han constatado que 21 de los 43 relojes blancos han girado respecto a su posición original, de manera que ya no marcan la hora correcta del accidente. La causa es tan mundana como perturbadora: las vibraciones del metro que circula por debajo han ido desplazando las esferas, que además carecen de fijación suficiente. Que el propio transporte que protagonizó la tragedia sea ahora el agente de su deterioro dice mucho sobre las complejidades de preservar la memoria en un entorno urbano vivo.
A eso se suman problemas de condensación interior en varias esferas, probablemente por un sellado deficiente desde su instalación, lo que ha generado humedad, oxidación y deterioro superficial en algunas de ellas. Las siete esferas negras, fabricadas en vinilo, presentan un avanzado estado de degradación por la exposición continua a la radiación ultravioleta.
Una restauración consensuada, no impuesta
Uno de los aspectos más destacables del proceso es que la intervención no se ha decidido desde un despacho. El Servicio de Patrimonio ha mantenido diversas reuniones de trabajo con Anja Krakowski, la propia autora del memorial, y con representantes de la AVM3J. El último encuentro tuvo lugar el pasado 12 de mayo, junto al monumento, donde se concretó la metodología a seguir. Se trata de respetar no solo la obra, sino también la voluntad de quienes la impulsaron.
Los trabajos incluirán la sustitución completa de las 43 esferas blancas por unidades nuevas de idénticas características, fijadas para evitar futuros desplazamientos por vibración. El interior de cada reloj se limpiará y secará, se eliminarán las zonas oxidadas y se sellará el perímetro de las carcasas con polímeros para impedir la entrada de agua. Las siete esferas negras, por su parte, serán reemplazadas por otras elaboradas mediante serigrafía térmica, una técnica más duradera que el vinilo original.
Veinte años después de que aquel tren descarrilara a las 13:03, la ciudad vuelve a poner en hora sus relojes. Es un gesto pequeño en presupuesto, pero cargado de significado: que la memoria no se deteriore en silencio, que alguien se ocupe de mantener viva la hora exacta en que 43 personas dejaron de estar.


