Hay centros de salud que funcionan como diques de contención: atienden lo que llega, cuando llega, como pueden. Y luego hay centros como el Malvarrosa, en Valencia, que decidieron hacer algo diferente. El Centro de Salud Malvarrosa, perteneciente al Departamento de Salud València Clínico-Malvarrosa, acaba de recibir el galardón Oro en la convocatoria 2025-2026 de 'Buenas Prácticas del Sistema Nacional de Salud', el reconocimiento más prestigioso que otorga el Ministerio de Sanidad a las experiencias innovadoras dentro de la red pública.
El premio distingue el llamado Modelo Malvarrosa: Gestión Integral de la Demanda Asistencial con Enfoque en Cronicidad Avanzada y Participación Comunitaria, un proyecto nacido en el seno de la Atención Primaria que viene a demostrar que reorganizar lo que ya existe puede transformar radicalmente la calidad de los cuidados. Sin nuevas instalaciones. Sin grandes inversiones. Con los mismos profesionales y herramientas de siempre, pero aplicados de otra forma.
El problema de fondo: una demanda que desbordaba la agenda
La Atención Primaria en España lleva años atrapada en una paradoja: cuanto más enferma envejece la población, más se complica atenderla bien desde los centros de salud. Las personas con enfermedades crónicas avanzadas —aquellas con mayor fragilidad, peor movilidad o situaciones de especial vulnerabilidad— suelen quedar al margen de una agenda diseñada para resolver lo urgente del día a día. El modelo tradicional, reactivo por naturaleza, atiende lo que llega. Pero no siempre llega lo más necesario.
Frente a ese escenario, el equipo del Centro de Salud Malvarrosa, coordinado por la jefa de la Zona Básica de Salud, la doctora Sofía Bauer Izquierdo, apostó por una reorganización profunda de las agendas de medicina y enfermería. El objetivo era claro: separar con nitidez la atención programada, la demanda no demorable y la atención domiciliaria, para dejar de tratar todos los casos como si tuvieran la misma urgencia y la misma complejidad.
Horarios propios para los que no pueden ir al médico
Uno de los cambios más concretos —y más significativos en la vida de muchas personas— es la creación de franjas horarias específicas para la atención domiciliaria, integradas directamente en las agendas ordinarias de médicos y enfermeros. Parece un detalle técnico, pero no lo es: hasta ahora, visitar a un paciente en casa dependía muchas veces de que hubiera una llamada o una urgencia que lo justificara. El modelo Malvarrosa rompe con esa lógica reactiva.
"Se han establecido horarios específicos para la atención domiciliaria por parte de medicina y enfermería, integrados en las agendas ordinarias, lo que facilita la continuidad asistencial y evita que la atención en el domicilio dependa solo de la demanda reactiva. El seguimiento se documenta en la historia clínica electrónica y se coordina con el equipo de trabajo social y otros recursos del departamento cuando es necesario" - Sofía Bauer Izquierdo, jefa de la Zona Básica de Salud del Centro de Salud Malvarrosa
El resultado es una atención planificada, no improvisada. Cada paciente con enfermedad crónica avanzada es identificado y sometido a una valoración clínica y funcional que permite diseñar un plan de cuidados personalizado. No se espera a que el problema se agrave: se anticipa.
Tres ejes que se apoyan entre sí
El modelo se articula en torno a tres pilares que se refuerzan mutuamente. El primero es la gestión eficiente de la demanda, con agendas diferenciadas que priorizan a los pacientes con mayores necesidades. El segundo es la atención a la cronicidad avanzada, con herramientas de valoración y seguimiento que permiten anticipar necesidades antes de que se conviertan en urgencias. El tercero, quizá el más singular, es la participación comunitaria: el centro cuenta con un Consejo de Salud activo y desarrolla actividades de educación sanitaria, promoción de hábitos saludables y apoyo a personas cuidadoras.
Esta dimensión comunitaria no es un adorno. En un momento en que el debate sobre la sostenibilidad del sistema sanitario público ocupa cada vez más espacio, involucrar a la ciudadanía en el cuidado de su propia salud es una apuesta estratégica tanto como ética.
Replicable, sostenible y certificado
Lo que hace especialmente valioso al Modelo Malvarrosa, más allá del reconocimiento obtenido, es su vocación de expandirse. La doctora Bauer lo señala con precisión: la clave está en que el modelo funciona con los recursos ya disponibles en el sistema sanitario público, lo que lo convierte en una experiencia replicable en otros centros de Atención Primaria sin necesidad de inversiones extraordinarias.
A ello se suma que la práctica está respaldada por un sistema de gestión de calidad certificado y por la monitorización constante de indicadores relacionados con la accesibilidad, la atención domiciliaria y la actividad comunitaria. No es solo una buena intención: es un modelo medible, auditable y con capacidad de mejora continua.
La convocatoria de Buenas Prácticas del SNS, impulsada por la Dirección General de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad, está dirigida a profesionales de centros de salud, hospitales e instituciones públicas de todo el país, y se enmarca en el objetivo de promover y difundir experiencias innovadoras que puedan servir de referencia para el conjunto del sistema. En su edición 2025-2026, participan siete áreas estratégicas del SNS. Que un centro de Atención Primaria de Valencia se lleve el Oro no es un dato menor: es una señal de que las grandes transformaciones sanitarias no siempre llegan desde los grandes hospitales, sino desde los equipos que, con rigor y constancia, deciden cuidar mejor a quienes más lo necesitan.

