Medio millón de recuerdos rescatados del barro: la Generalitat Valenciana financia la recta final del proyecto que devuelve las fotos perdidas por la DANA

La Generalitat destina 200.000 euros a la fase final de 'Salvem les Fotos', impulsado por la UV, para recuperar 800.000 fotografías y 6.552 objetos de 1.600 familias afectadas.

Guardar

Recuperación de fotos dañadas por la DANA
Recuperación de fotos dañadas por la DANA

Hay fotografías que no tienen precio. No porque sean obras de arte, sino porque contienen algo que ningún seguro puede reponer: la imagen del abuelo en su boda, el primer día de colegio de un hijo, el retrato de alguien que ya no está. Cuando la DANA arrasó la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024 — con al menos 235 fallecidos y más de 60.000 personas afectadas en 78 municipios —, el barro no distinguió entre electrodomésticos y álbumes de fotos. Todo quedó sepultado. Pero un grupo de investigadores, conservadores, antropólogos y voluntarios decidió que algunos de esos recuerdos aún podían salvarse.

200.000 euros para terminar lo que empezó entre el lodo

La Generalitat Valenciana ha anunciado una inversión de 200.000 euros para impulsar la fase final del proyecto 'Salvem les Fotos', desarrollado por la Universitat de València, con el objetivo de salvaguardar un total de 800.000 fotografías y 6.552 objetos singulares dañados en la riada. El comisionado para la Recuperación, Raúl Mérida, y la directora general de Atención a Víctimas y Afectados, Amparo Clemente, visitaron recientemente el taller instalado en el castillo de Alaquàs, uno de los laboratorios de campaña que sostiene esta operación de rescate patrimonial sin precedentes en España.

El proyecto fue puesto en marcha por iniciativa de la Universitat de València apenas dos días después de la catástrofe del 29 de octubre, con el objetivo de contribuir a la reparación y restitución del patrimonio fotográfico dañado y, por lo tanto, a la conservación de la memoria histórica familiar y comunitaria. Lo que comenzó como una respuesta de emergencia se ha convertido, un año y medio después, en una infraestructura de recuperación cultural de largo alcance.

"Esta es una intervención directa sobre la memoria, la identidad y el bienestar emocional de las personas que sufrieron la riada. Las fotografías son insustituibles, constituyen documentos de vida que permiten reconstruir historias familiares, reforzar vínculos afectivos y preservar la memoria de los territorios." - Raúl Mérida, comisionado para la Recuperación de la Generalitat Valenciana

Hasta el momento, el equipo ha recuperado ya 140.000 fotografías y 298 objetos singulars, y el trabajo continúa. Se calcula un volumen de casi 2 millones y medio de fotografías, además de objetos, depositados por más de 1.500 familias. La magnitud de la tarea explica por qué la Generalitat ha decidido comprometer fondos públicos en esta recta final.

Un protocolo de tres fases diseñado desde cero

Nada de esto habría sido posible sin un método. El equipo de 'Salvem les Fotos' no llegó con manuales heredados: diseñó su propio protocolo de intervención específicamente para hacer frente a los daños causados por la DANA. El proceso se articula en tres etapas claramente diferenciadas.

La primera, llamada de Emergencia, comprende la recepción, registro, clasificación y secado controlado del material. En los casos más graves —aquellos álbumes que ya presentaban colonización microbiológica—, se optó por la congelación preventiva. Detener el frío a tiempo puede ser la diferencia entre una fotografía recuperable y una perdida para siempre. Las labores prioritarias son urgentes para evitar el crecimiento de hongos que puede hacer las fotografías irrecuperables.

La segunda fase, de Recuperación Crítica, consiste en el lavado integral, alisado, digitalización y consolidación de capas. Y la tercera, denominada de Devolución, supone el embalaje final y la entrega a las familias del material recuperado, directamente en sus domicilios o en las sedes de los laboratorios.

Más allá de las fotos: cartas en esperanto y máquinas de coser centenarias

El alcance del proyecto ha ido mucho más lejos de lo que sus impulsores imaginaron en un principio. Lo que nació como un rescate fotográfico ha evolucionado hacia una salvaguarda integral de la identidad familiar. Entre los materiales intervenidos figuran cartas y postales —algunas escritas en esperanto—, partituras, libros y documentos históricos. Pero también objetos de valor patrimonial difícilmente sustituibles: negativos fotográficos, cintas de vídeo, pinturas, dibujos, grabados, instrumentos musicales y piezas históricas como máquinas de coser con más de un siglo de antigüedad.

Más allá de su dimensión técnica, 'Salvem les Fotos' se configura como un proyecto de alto impacto social y simbólico, al abordar el patrimonio fotográfico como soporte de la memoria individual, familiar y colectiva. La iniciativa ha movilizado a un equipo interdisciplinar de profesionales, estudiantes y voluntariado, y ha tejido una amplia red institucional que integra universidades, museos, administraciones locales, asociaciones profesionales y entidades del ámbito audiovisual.

Seis laboratorios y un equipo que reúne desde restauradores hasta antropólogos

Para llevar a cabo el trabajo, el equipo transformó espacios culturales de los municipios afectados en laboratorios de alta especialización. La red contó con seis sedes estratégicas en Alfafar, Utiel, Burjassot, Alaquàs, Torrent y Algemesí, de las cuales los cuatro últimos continúan plenamente operativos. Un despliegue que dice mucho sobre la escala real del desastre: un año y medio después, todavía hay trabajo por hacer.

Al frente del proyecto se sitúa el Vicerrectorado de Cultura, Deportes y Vínculo de la Universitat de València, liderado por la catedrática Beatriz Santamarina. Un total de 18 entidades de educación superior, entre universidades y escuelas de conservación y restauración de todo el país, han sido parte del proyecto desde sus comienzos, y también ha recibido el apoyo de especialistas de centros muy especializados de Europa. El equipo combina perfiles que raramente coinciden en un mismo proyecto: conservadores-restauradores especializados en recuperación física, historiadores del arte, expertos en digitalización y robótica, fotógrafos, antropólogos y sociólogos.

Esa última figura —la del antropólogo— no es un adorno. En un proyecto como este, donde cada álbum recuperado puede desencadenar llanto o alivio, la dimensión humana importa tanto como la técnica. Más allá de la preservación fotográfica, la iniciativa ofrece apoyo emocional y social a la comunidad afectada. "Salvar estas imágenes es más que rescatar recuerdos; es restaurar identidades, fortalecer lazos y ofrecer esperanza", explican los organizadores. Las 1.600 familias que esperan recuperar sus fotos saben, quizá mejor que nadie, que hay cosas que el dinero no puede devolver. Pero a veces, con el método adecuado y el compromiso suficiente, sí pueden rescatarse del barro.