El reciclaje de chatarra, un granito de arena por un planeta limpio

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Puede que hoy en día nos parezca una obviedad, pero los recursos del planeta tienen un límite. Durante siglos, hemos actuado como si esto no fuera así, consumiendo los recursos naturales sin pensar en su posible agotamiento ni en las consecuencias que puede tener su extracción, utilización y desecho para el medio ambiente. En los últimos años, esto ha cambiado: la amenaza del cambio climático es real e inmediata. Si no reducimos el ritmo de consumo y el uso de combustibles fósiles que generan gases de efecto invernadero, la subida de las temperaturas pondrá en riesgo la continuidad de muchas especies, probablemente también la nuestra, y generará graves impactos sobre miles de millones de personas.

Esta progresiva toma de conciencia se traduce en acciones de Estados y grandes instituciones, pero también en compromisos individuales. La Unión Europea tiene como objetivos para 2030 reducir en al menos un 40% las emisiones de los gases de efecto invernadero que se emitían en 1990, alcanzar al menos el 32% de cuota de energías renovables y mejorar al menos un 32,5% la eficiencia energética. A largo plazo, el objetivo es que la Unión Europea sea climáticamente neutra en 2050.

Esto, la Unión Europea, pero ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros? Existen muchas formas de mitigar el impacto del cambio climático, reduciendo nuestra huella de carbono, pero básicamente todos podemos aplicar las llamadas "cuatro erres": Reducir, Reutilizar, Reciclar y Recuperar. Si aplicamos estos cuatro verbos a nuestras rutinas diarias, estaremos poniendo nuestro granito de arena para combatir el cambio climático.

¿Cómo funciona el reciclaje de chatarra?

Estas cuatro erres son aplicables a múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana, pero hoy vamos a fijarnos en el reciclaje de chatarra. En algunos cauces de ríos y arroyos aún es posible ver restos oxidados, chatarra y demás quincalla abandonada, que puede acabar en el fondo de nuestros mares. Es urgente acabar con esto, y por eso hoy en día el tratamiento de este tipo de residuos se realiza en plantas especializadas como esta chatarrería de la provincia de Valencia, donde se reciclan todo tipo de materiales férricos (derivados del hierro y del acero) y metales no férricos (procedentes del cobre, aluminio, bronce, latón, zinc, cobre, magnesio, estaño, plomo, níquel…).

Este tipo de centros también realiza el reciclaje de residuos peligrosos, cuyos componentes pueden causar daños, como las baterías de automóvil o desechos industriales, aplicándoles un almacenamiento y tratamiento diferenciado.  De la misma forma, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos exigen, por ley, de la aplicación de procesos muy específicos.

Este tipo de centros recoge, procesa y separa los componentes de los desechos que reciben, con una finalidad prioritaria: transformarlos en nuevas materias primas recicladas y preparadas para que la industria las reutilice en el futuro. El reciclaje de chatarra permite ahorrar en materias primas y disminuye el gasto de energía y agua. De esta forma, en lugar de residuos sin uso que pueden acabar dañando el medio ambiente, se obtiene un nuevo producto que tendrá una nueva vida útil. Al fin y al cabo, se trata de darles una nueva vida cumpliendo así las cuatro erres: reducir, reutilizar, reciclar, recuperar.

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